Sí a las novatadas

Como si fuera ayer…

¡Crunch! Se presenta el puto, repelente, escupiscible y fácilmente duchable novato Raúl, que malvive en la cueva 401 Central, que fracasará en sus estudios de la Comercial y que el próximo año se dedicará a la cría intensiva del champiñón hermafrodita

La de veces que no tendría que repetir esta letanía, con las piernas flexionadas, los pies formando un ángulo de noventa grados y las manos entrecruzadas (una por delante, otra por detrás) en la entrepierna. “¡Preséntese, novato!”. Tantas, como para que se grabase en mi memoria…

El otro día oía hablar (no sé dónde) de las novatadas… e inmediatamente me fuí atrás en el tiempo (13 años ya), a aquéllos días de septiembre del 94 cuando llegaba al Colegio Mayor para emprender la vida universitaria… y a los de los años siguientes, cuando eran otros los que llegaban y yo el que ya estaba. Y tanto unas como otras las recuerdo como algo entrañable.

Las novatadas molan, son divertidas, y son útiles. Siempre, claro está, que no nos refiramos a barbaridades. Pero cuando se hacen con gracia (una catedral, un bombero, un vacío cósmico, un “me baje a copiar los horarios”, un telesat, un presentarse encima de las mesas del bar, unos disfraces ridículos, natación en el césped…) , están muy bien. Por supuesto, el “novato” le ve la gracia en el culo: no deja de ser un chaval, normalmente más joven que todos los que le rodean, normalmente fuera de su entorno (por eso va a una residencia o Colegio Mayor) y enfrentándose a cambios no experimentados antes. Y se encuentra con grupos hechos, de gente mayor que domina el entorno y que, encima, le putea.

Pero sigo diciendo que son positivas. Sin novatadas, los “mayores” tendrían poco incentivo para interactuar con los nuevos: ellos ya se conocen entre sí, ya tienen “su vida hecha”… dependería de la voluntad individual de cada uno el querer acercarse a los nuevos para integrarlos. Sin embargo, novatadas mediante, se produce un periodo de interacción que permite a unos conocer a los otros y viceversa. Desde una relación dominador-dominado, sí, pero relación al fin y al cabo que además tiene fecha de caducidad (excepto para el “novato del año”, MUAHAHAHA!!), tras la cual habrá una relación normal. Gracias a las novatadas, los novatos se dan a conocer no sólo en su entorno más cercano, sino a los diferentes grupos. También son positivas de cara a fortalecer la relación entre novatos. Todos enfrentados a las mismas adversidades y unidos contra el “veterano opresor”.

Así que si alguien me pregunta le diré “barbaridades nunca, pero unas simpáticas novatadas… siempre”.

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Raúl Hernández González

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28 comentarios en “Sí a las novatadas

  1. Secundo el post y enfatizo tu último comentario: “barbaridades nunca, pero unas simpáticas novatadas… siempre”. Me has recordado mis tiempos de novato y colegial en el Pío-XII, mi mote era “Burrus” y ahora que lo sabéis, al que se le ocurra decirlo por ahí, le espameo la web.

  2. Claro que sí. Tendrían que hacerlo también en las empresas, si no: ¿qué motivo tendría la gente para integrarse con los recién llegados? Jode un poquito pero va la mar de bien. Unas simpáticas bromas como tráeme el café, saluda a los compañeros haciendo el gilipollas etc… etc… y oye, a la mierda tu iniciativa y tu personalidad y no des la nota que te puteamos más. Hale, ya eres un borrego del grupo.

    ¿No te lo hicieron a ti en Weblogs? Quizá te sintieses un poco humillado al principio, pero luego, tras unas alegres bromitas, estarías integradísimo. ¿Que es un poco faltar a tu dignidad y a tu respeto como persona? Qué más da… lo importante es integrarse.

  3. Qué tiempos aquellos, eh? Y lo cabrón que eras, con esa cara toda seria…”Imite a chiquito”, “Doble la película”, “Declárese a esa”…Jejeje, me ha gustado!!

  4. ¡Ostras!
    ¡Qué buenos tiempos aquellos! Se presenta el puto y vil novato… Anda que no me habré declarado a chicas, o hecho el tonto por la calle… Por cierto, en mi colegio eran 45 grados, y había que mirar al infinito :-) Y ay de ti como no acertaras a contestar de qué color era el infinito… snif, snif, paro ya, que me pongo nostálgico ;-)

  5. Yabu, supongo que todo depende de cómo haya sido la experiencia propia. Yo desde luego nunca las viví (ni cuando era el novato ni cuando era el veterano… bueno, en los días de novato igual un poco, pero eran tres semanas) como algo que me quitara mi personalidad o mi iniciativa, que me dejase sin dignidad… digamos que quedaban en “suspenso” durante unos días, pero luego volvían íntegras todas ellas, cada uno seguíamos siendo de nuestro padre y nuestra madre, pero con un vínculo común.

    Así que ironías aparte… sí, creo que en las empresas no vendrían mal unas poquitas novatadas. Me contaron una muy buena que le hicieron creo que a una chica… le pidieron en Torre Picasso que fuese a pedir la llave del helipuerto, que llegaba un cliente importante… y allí la ves por todo el edificio pidiendo las llaves del helipuerto a unos y otros hasta que alguien le dijo que no había helipuerto… O en mi anterior empresa, les pidieron a dos juniors recién entrados que tenían que traducir un documento al árabe…

    En fin, chico, unas pequeñas risas, nada del otro mundo. No todo va a ser profesionalidad, ¿no?

  6. Empezaré pidiendo disculpas porque creo que voy a cortar un poco el tono de los comentario, pero aunque personalmente, pienso que por suerte, nunca he sufrido novatadas incluso en sitios donde se suelen hacer (o solían), como al entrar en el instituto (se olvidaron de mí y fueron a por uno que se asustó y se echó a correr), durante la mili (al hacerla con 28 tacos impones un poco a los veteranos, sobre todo si te han seleccionado para cabo furriel), y cosas así. Siempre, por alguna razón, me he librado, así que hablo un poco desde la ignorancia y la falta de experiencia personal.

    Desde mi punto de vista el problema no es tanto lo “simpático” de la novatada sino cómo lo lleve psicológicamente el novato. Puede que sea simpático “correr en bolas por La Castellana” pero ¿qué pasa si el novato se niega a hacerlo por el motivo que sea? ¿Se lo tomarán los veteranos (y desngañémonos, estamos hablando de adolescentes en grupo que tratan de reafirmar su auto-estima en grupo, al menos en general) con deportividad y dejarán que no participe sin tomar represalias menos “simpáticas”?

    Aunque acepto como argumento de que pueden servir como vehículo integrador, no me convence: ¿quién garantiza eso? ¿No se puede fomentar el que el veterano conozca al novato llevándoselos de cañas, invitándoles, formando una política estilo mentor/coach yanqui?

    En fin, dejo de “cortar el rollo” y termino contando una novatada que, unos amigos hicieron a otro amigo que me parece de un estilo más “llevadero”:

    En la difunta PESA procedente de la antigua PIER y concretamente en el departamento de TV de alta definición tenían a gala hacer novatadas a los nuevos. Un día llegó un nuevo al cual le encargaron revisar el código en ensamblador (tropecientas páginas de ensamblador) de alguno de sus cacharros y le encargaron que “se lo empollara para el día siguiente” para una reunión importante.
    El día siguiente llegó y apareció el novato con las esperadas ojeras y todo el departamento citado en dicha reunión dispuesto a explotar en carcajadas tras escuchar las excusas a la pregunta del líder del grupo:

    – Líder: “Bueno, ¿qué tal, tienes alguna duda sobre el código?”
    – Novato: “Hombre, he tenido que echar muchas horas en casa, y me ha costado un poco porque lo he tenido que hacer sobre el papel porque en casa no tengo este tipo de ordenador, ni un simulador, pero a falta de pruebas adicionales, creo que he encontrado 3 bugs: éste, éste y éste y además el código se puede reducir un X% así y asa”.

    El hecho es que tras la novatada el novato fue conocido por todo el mundo. Después de la misma todo el mundo tenía claro, más o menos, con quién iban a colaborar en el futuro.

  7. José María, efectivamente las novatadas tienen un punto (bueno, en realidad es “el” punto) de “presión psicológica”. Yo he vivido situaciones de tensión en las que el novato se negaba a participar… al final es un tira y afloja, normalmente la presión puede con el novato y acaba pasando por el aro. Como dice Hombre sin Personalidad (que fue uno de mis novatos) ponías tu cara de cabrón, de “como no lo haga se va a cagar” y solía funcionar.

    Lógicamente estamos (o yo estoy) hablando de gente razonable que ve en esto un juego, y que tira de la cuerda pero con cuidado de no romperla: el objetivo no es machacar a los novatos, ni mucho menos utilizar armas “menos simpáticas” – son personas con las que vas a convivir durante años, se trata de establecer las bases de una relación buena, no de situaciones de odio. Juegas con la posición de “superioridad” y ya está, normalmente es suficiente.

    Yo tuve alguna situación en la que tuve que hablar con algún novato para evitar que la cuerda se “rompiese”: explicarle que esto no era lo que parecía, que no había ninguna animadversión, que era un “juego”, que en tres semanas se pasaba y que lo mejor era tomárselo con humor y deportividad. Los propios veteranos ven esas situaciones límite, y si no son los compañeros novatos los que te avisan de que fulanito lo está pasando mal.

    Si, ante eso, el novato no “ve la luz” y entra en la dinámica, entonces lo normal es dejarlo estar, él a su rollo y los demás al suyo: no se trata de provocarle traumas a nadie. El problema es que ese “dejarlo estar” se convierte para él en un problema cuando desaparecen las novatadas, porque el resto del grupo tiene otra dinámica (forjada en la experiencia) y él se ha quedado fuera. Y no se trata de que se le haga “el vacío” a mala leche, sino que todos los demás cuentan con un tiempo, unos códigos y unas experiencias compartidas de las que él carece, e integrarse a posteriori suele ser difícil por muy buena voluntad que se ponga (que no es algo automático: por automatismo, el grupo funciona solo, no hay tendencia natural a integrar al extaño).

    En cuanto a tus planteamientos de “llevarles de cañas”… pues hombre, sí. Pero ese llevarles de cañas, o ese ejercicio de mentoring, no le nace a la gente de normal. Lo que le nace es irse de cañas con sus amigotes del año anterior, ¿para qué irse de cañas con los nuevos?. Sí, ya sé, conocer gente nueva, etc, etc… pero reconozcamoslo, no solemos ser así, tenemos un comportamiento grupal muy marcado.

  8. Sí, si en el fondo estoy de acuerdo contigo y, de hecho, hubo un tiempo en el que era pro-novatadas, pero conocí un caso que salió mal y que acabó con un chaval que se suicidó, y desde entonces me volví más bien pro-no que pro-sí, eso sí, sin fanatismos, porque creo que una prohibición formal sólo agravaría las malas prácticas.
    El problema es que no siempre hay gente “normal” en la posición de poder (recordáis Spiderman: un gran poder conlleva una gran responsabilidad…). Puede que sólo en una de cada diez mil ocasiones se le crucen los cables a alguien, pero aún en esas bajas proporciones la cosa me da que pensar.
    Los comportamientos grupales se pueden modificar a medio-plazo y quizá combinar unas novatadas bien dirigidas (con un mínimo de supervisión responsable) potenciando en los centros una concienciación top-down, con actividades más tipo mentoring/coaching puedan ser “una de cal y otra de arena”. Está claro que la de cal es más formal, y la de arena más informal, y que en la vida nunca existen soluciones “perfectas” pero quizá en el punto medio esté una buena solución de compromiso…

  9. Será que las experiencias que yo viví en mi colegio mayor (el mismo que el Consultor Anónimo y que el Hombre sin Personalidad) fueron buenas, la cosa es que yo también estoy a favor de unas novatadas racionales, en las que lo único que se ataque sea a la vergüenza de las personas, y en las que se cree una cierta huella en el novato para que recuerde la época, no como una difícil integración por no conocer a nadie, sino como una época de protagonismo y de oportunidad de conocer a la gente en un ambiente de risas y de irresponsabilidad sana.
    Raúl y yo fuimos compañeros novateados y novateadores. Y mira, 13 años después, aquí estoy escribiendo en su blog. Y en el del Hombre sin Personalidad no escribo porque no lo tiene.
    En cuanto a a “novatadas dirigidas”… por Dios… ¡no!. Viva la espontaneidad y el crowdsourcing.

  10. Yo creo que el tema está en que los veteranos (que efectivamente hacen una labor de mentores con la gente nueva) sepan modular el mensaje a cada uno de los novatos…Efectivamente, no todo el mundo sabe cómo hacer esto y hay siempre te encuentras a verdaderos maltratadores, pero cabrones hay por todas partes y forman parte de la vida, desgraciadamente para los demás.

    A mí personalmente las novatadas no me gustaron y no lo pasé bien siendo puteado (aunque fueran 3 semanas), pero tengo que reconocer que me ayudaron a quitarme la “costra” que significa no haber salido nunca de casa, a abrirme al nuevo entorno en el que estaba y estoy seguro de que contribuyeron en gran parte a poder integrarme con la gente con la que compartí 4 años de convivencia (y – cómo pasa el tiempo – casi 12 de amistad!).

    Eso sí, a Ale no le perdonaré nunca que me hiciera mojarme el pelo con el agua del water…

  11. Esta es cierta, pero solo para Telecos o Ingenieros de sonido.

    En el laboratorio, midiendo unos filtros, comentario en tono enfadadísimo del ingeniero: “joder, me faltan unos puts decibelios para poder entregar el equipo” a lo que un novato del taller (electrónica y mecánica conviven en muchas disciplinas), que lo oye, dice: “¿Te puedo ayudar en algo?”. Y aquí es donde entra el maestro de taller, veterano :), que estaba siempre “a todas”, “chico, vete donde Pedro y que te dé la caja de decibelios”. LLamadita a Pedro, y el chico que se trae una caja de rodamientos de 50 kilos! por lo menos.

  12. Uy… tema novatadas!!

    Aunque hayan pasado unos días desde que el Consultor Anónimo puso su post no me resisto a plasmar mi humilde visión sobre el tema..

    Yo me fui a un colegio mayor lejos de mi casa a la que no podía ir corriendo a refugiarme el fin de semana como el resto de novatos que coincidieron conmigo.. y eso hizo que “chupara” más que el resto! Hubo cosas que me hicieron que me sirvieron luego en la vida (me aprendí el himno de la real, himno oficial de innumerables borracheras..)y otras estupidas y poco graciosas (como pedir a uno que se integre haciendo con los brazos el signo de la integral…)

    Pero en cuanto acabaron las novatadas yo ya me sentía como en casa… sentía que los veteranos eran mis nuevos amigos y estaba a gusto! y así los sigo considerando a todos durante estos 11 años (yo no soy tan mayor como nuestro consultor anónimo)

    Después pues como veterano sinceramente si uno se negaba pues yo me iba a por otro y listos… eso sí, el problema es que cuando acabaron las novatadas con quien se había negado pues me costaba más entablar cualquier relación con él porque esa persona te mira con desconfianza y tú con desinteres…

  13. Las novatadas o bautismos como les decimos en Argentina, me parecen muy bien . Es un ritual muy antiguo en la historia de la huminad. Es un paso de un estado al otro. No son muy simpaticas cuando las sufres pero luego te las desquitas muchas veces con otros. Te las tenes que aguantar como un hombre, si no te molestaran todo el tiempo. Para las mujeres no me parece bien. Es cosa de hombres.

  14. Se lo preguntaba a Raúl…. esque eso de ‘Se presenta el puto y vil novato… ‘ y lo del infinito y tal…. seguro que vivión en el Sanagus.

  15. San, YO soy Raúl :D, “Consultor Anónimo” es mi nick. Supngo que los soniquetes nacieron en algún sitio, a alguien le parecieron graciosos… y los exportaron. Darwin estaría encantado de estudiarlo!

  16. Me parece, segun lo veo, una gilipollez. Se supone que personas adultas son capaces de entablar una relación sin hacer el payaso, bueno al menos eso supongo pero no sé, en mi colegio o se dan. Yo no sé si podría hacerlas, no ya por quedar en ridículo que no es tanto, sino por no estar de acuerdo con ésto.

  17. Desde mi punto de vista, las novatadas me parecen algo vergonzoso.Nunca lo he entendido, ¿Qué problema tienen esos que llaman “Veteranos” (que ya por el nombrecito se les ve un poco el plumero) en hacer más fácil y más agradable la estancia a los nuevos? ¿Es que a la gente le cuesta decir simplemente: “Hola, yo me llamo futano, ¿cómo te llamas tú? ¿qué vas a estudiar? ¿De dónde eres?”. Frases simples que ayudarán a romper el hielo y estoy seguro de que los alumnos nuevos se sentirán más tranquilos y el ambiente a nivel general será muchísimo mejor; en vez de tanta gilichorrería tipo: “¡Tú, tráeme esto!” o “¡haz esto, es una orden y si no lo haces no soy tu amigo y te voy a joder!”. venga…, ¿qué tienen 23 años o 3?.
    Las bromas no se deben hacer hasta que no haya un clima de amistad y confianza seguros, porque los nuevos podrían sentirse humillados y vejados con esas bromitas de los cojones. Un saludo a todos.

  18. He leído aquí una serie de argumentos tanto a favor como en contra de las novatadas, pero ninguno ha llegado al quid de la cuestión.

    Las novatadas no se hacen por “putear” o fastidiar al novato para echarte unas risas con tus amigos y aumentar tu autoestima adolescente, o para resarcirte por lo “mal” que lo pasaste en su día, sino que en un Colegio Mayor como en el que me encuentro ahora mismo, hay muchas normas no escritas, como que cuando se está en el comedor y uno se levante meta la silla para que los demás puedan pasar sin problemas, o servir agua a los compañeros con los que comes o esperar a que las personas con las que estás comiendo terminen de comer y se levanten todos juntos. Hoy en día, gracias a la educación “progre” que tenemos, la gente carece de toda educación y se consideran demasiado por encima de los demás como para molestarse en hacer ese tipo de cosas, por lo que las novatadas se convierten en un vehículo para que el nuevo haga de esos actos de educación de los que carece algo mecánico.

    Por otro lado vienen muchos chicos que son muy tímidos y que si no los obligaran bajo “amenazas” a salir con sus veteranos y a declararse como unos caballeros a otras novatas, no lo harían en todos los años que pasaran estudiando la carrera y no conocerían la mitad de los sitios por los que se sale o la mitad de la gente que vive en el mismo sitio. No hay que olvidar que las tonterías y cagadas que uno comete de novatos no se recuerdan como tales, sino como algo parecido a “que huevos tuviste”, es decir, es una especie de carta blanca que te permite meter la pata cuanto quieras sin que por ello se te estigmatice y que muchos tanto necesitan.

    ¿Que hay veteranos maltratadores? Pues claro, igual que hay gente que se toma 10 copas y coge un coche, o apuñala a alguien, cabrones hay en todos lados y los Colegios Mayores no iban a ser una excepción, para eso hay otros tantos veteranos que saben cómo se debe novatear para proteger a los novatos de muchos excesos y darles un toque a los veteranos que se pasan de la raya.

    Por otro lado, a nadie se le obliga a pasar novatadas, el que no quiere no las pasa, lo que a los veteranos nos revienta son los tipejos que vienen y dicen que quieren pasar novatadas y luego se van chivando a los directores de que les están, poco menos, que jodiendo vivos, porque les han obligado a cantar una canción subidos a una mesa y por ello se expulse a varios veteranos (esto es verídico y ha ocurrido este año 2009).

    Además, si no fuera por las novatadas, ¿qué necesidad puedo tener yo, que me queda 1 año para terminar mi carrera, que tengo mis amigos hechos y conozco bien la ciudad, de entablar relación con un chaval de 17-18 años que se cree el rey del mundo y se pasa por el forro toda norma de respeto y convivencia que todas las personas que hemos vivido en el Colegio Mayor hemos respetado durante 40-50 años?

    Espero que tras esta leer esta reflexión, si eres padre o madre y piensas en mandar a tu hijo a un Colegio Mayor, o si vas a ser novato en uno, o si eres una persona que no sabía lo que eran y piensa que los que las realizan merecen poco menos que la silla eléctrica, te quede claro qué son y por qué se hacen y les pierdas el miedo.

    Yo, a día de hoy, sin duda alguna, daría un brazo por volver a pasarlas.

  19. Realmente, leyendo muchos de los comentarios que habéis escrito no entiendo cómo podéis tener la conciencia tranquila aquéllos que defendéis las “magníficas” novatadas…

    ¿Normas de convivencia? ¿Saber estar y comportarse? No sé en general, pero al menos a mí en mi casa me enseñaron a no levantarme de la mesa hasta que todos hayamos acabado de comer, me enseñaron a servir a los comensales si me sirvo yo, etc. Así que no necesito que unos “señores” (eso sí, hijos de las familias más pudientes de todas las regiones del país, que están ahí no por méritos propios sino por el capital de papá) me enseñen a comportarme.

    Y si sólo lo hicieran para enseñarme no estaría mal. Pero en muchos casos (creedme cuando os digo que hablo por experiencia propia) las novatadas tienen como fin minar la voluntad y el autoestima del novato, que se sienta un mierda en manos de los poderosos, que sea su esclavo. Esta situación puede crer graves problemas, a mí me hizo abandonar el Colegio Mayor y si hubiese aguantado UNA NOCHE MÁS me habría llevado al suicidio. Seguid aplaudiendo estos actos, sí señor.

    Mi experiencia tuvo lugar en un Colegio Mayor de Madrid, de iniciales EA, en el que parar poder ingresar mis padres tuvieron que hacer un enorme esfuerzo económico. Consecuencia: abandoné el Colegio, y por depresión también la Universidad y la Carrera de mi vida.

    Muchas gracias a todos. Y os digo sinceramente que yo tampoco olvido a “mis veteranos”, de hecho, los recordaré cada día de mi vida…

  20. No he sido nunca novata, ni veterana, pero soy madre de un hoy novato. Me parece increíble que haya gente que, amparado en la tradición y en la costumbre sostenga los argumentos que acabo de leer. Hay críos de 17 años tímidos que están deseando que alguien se les acerque, que les supone un triunfo acercarse, que están asustados, y que lo único que encuentran durante tres angustiosas semanas es a una pandilla de desgraciados haciéndole la vida imposible

  21. aaiiii dios miooo!parece mentira leer tu blog y ver que 13 años atrás se hacía lo mismo que se sigue haciendo ahora!!! yo acabo de llegar a madrid a un colegio mayor femenino!y obviamente es mi primer año de universidad y de vida independiente!y como ya sabreis, estoy en plena época de novatadas! jajaja las defiendo al 100% siempre y cuando no se sobrepasen los límites! (una cosa es divertirse, otra, humillar). Sinceramente ayuda muchisimo a la integración y a conocer a otros novatos o veteran@s de otros colegios! como consecuencia se crea un vinculo muy especial (al veterano lo llegas a ver como una hermana mayor y a tu novato compañero, como un amigo mas). Ademas, se pasa muy buenos ratos! y te quedas con unos recuerdos imborrables! jaja dios miooo!nose de cuantas cosas me he disfrazado yaa ni cuantas canciones he cantado defendiendo a mi colegio e insultando a otros!!!

  22. Continuación de la defensa, continuación de la barbarie. Ya lo dije, jamás olvidare a “mis veteranos”.

  23. Esta es la carta que le envié a la reciente creada asociación contra las novatadas (nomasnovatadas@hotmail.es). Espero que solo sea una de las miles que acaben por hacerles cambiar de opinión o desistir de su actitud.
    Para que un día no tengamos que recordar con nostalgia algo que tristemente fue prohibido, eliminado o extirpado de la universidad; para “tipificarse como delito en el código penal”.
    Un saludo.

    Estimada Asociación contra las novatadas universitarias:

    Mi nombre es Guillermo Villar, y soy un estudiante de 23 años de la Universidad de Valladolid, natural de la provincia de Burgos.

    La razón de mi carta ha sido el conocer por los medios de comunicación la reciente creación de su asociación. Mi motivación para enviarles esta misiva es el irrefrenable deseo de compartir con ustedes mi experiencia y testimonio sobre las novatadas, que sentí al leer sus declaraciones en la prensa (concretamente en el Faro de Vigo, http://www.farodevigo.es/sociedad-cultura/2011/10/02/nace-galicia-primera-asociacion-novatadas-maltrato-universitario/585060.html).

    Y este deseo mío de compartir con ustedes mis vivencias y experiencias como universitario en las novatadas tiene su origen en la conclusión que he sacado de todo lo que ustedes exponen en la prensa: ustedes ignoran lo que son, significan y suponen las novatadas universitarias.

    Perdonen mi atrevimiento, si es que les ha ofendido, al hablar de su ignorancia acerca de las novatadas, pero dudo mucho que cualquiera de sus miembros sea un universitario de entre 18 y 28 años que las haya vivido y practicado, como para hablar con propiedad y conocimiento de lo que son las novatadas.

    Esta carta bien podría llevar por título “en defensa de las novatadas”, pero sería más correcto y mas fidedigno titularla “en honor a la verdad”.

    Es por eso que quiero brindarles con esta carta, mi visión, mis experiencias y vivencias, y mi testimonio personal; de una persona que ha vivido en su piel las novatadas y que posteriormente las ha practicado. Vamos, que para ustedes he sido víctima y verdugo.

    Pero es que considero que solo alguien que realmente las haya vivido, como cualquier universitario español, sabe lo que realmente son, significan y suponen. Y creo que ustedes tienen una visión parcial, incompleta, sesgada y no representativa de ellas.

    YO, NOVATO.

    18 años, nervios, hormonas, folios desordenados, prisas… Podría decir que prácticamente todos los estudiantes que hemos dado el gran salto del instituto a la universidad lo hemos hecho experimentando las mismas sensaciones. Somos por así decirlo “polluelos”; nos sueltan en una ciudad que desconocemos, a estudiar en un lugar llamado facultad que nos resulta extraño, frío, inseguro y hostil; rodeados de desconocidos, en la residencia, en clase… y sin saber muy bien donde ir o que hacer. La inseguridad te aborda a cada instante. Nos sueltan ahí, solos, desprotegidos, lejos de nuestro hogar y sin una sola cara conocida a nuestro alrededor, y se podría decir que andamos medio perdidos, asustados (a veces con auténtico pánico escénico) y desubicados. La pregunta más frecuente los primeros días suele ser un “¿y que hago yo aquí?”. Bueno, a decir verdad suelen ser casi todo preguntas, y muy pocas respuestas las que inundan nuestra mente en las primeras semanas del curso.

    El cambio es brutal. Pasamos de estar en el instituto rodeados de nuestros amigos de toda la vida y atendidos por profesores que saben hasta donde vivimos; a estar en un gran edificio, inundado por miles de desconocidos cada día, en el que rezamos por coincidir con una vieja cara conocida que disipe un poco el miedo que nos invade, la inseguridad que nos domina, y nos dé algo de confianza en nosotros mismos en esos días tan importantes, aunque sea momentáneamente.

    Se echan de menos tantas cosas… los amigos, el hogar, el trato personal y cercano de nuestros viejos maestros, la calidez de aquellas pequeñas aulas, las caras amables y conocidas por la calle, la seguridad y protección que daba aquella vida acomodada y fácil…

    Y entonces vuelve de nuevo la pregunta… “¿pero que hago yo aquí?

    Y ENTONCES… LLEGARON LAS NOVATADAS.

    Para saber lo que son las novatadas hay que vivirlas. No es suficiente verlas en Youtube o en la televisión, o leer noticias acerca de ellas en la prensa, repito: hay que vivirlas.

    Pero no vivirlas con un individuo estándar. Hay que vivirlas como un “polluelo” de 18 años hecho un manojo de nervios que acaba de llegar a una ciudad desconocida, que convive con gente que no ha visto nunca, asustado, perdido, y apabullado con esa sensación vertiginosa y asfixiante de cambio imparable que nos lleva por delante hagamos lo que hagamos.

    Puedo afirmar y afirmo que gracias a las novatadas he vivido algunos de los mejores y más entrañables momentos de mi vida, que he conocido a algunas de las mejores personas que conozco y que hoy puedo llamar amigos, y que me han reportado unas experiencias impagables que jamás olvidaré y que me llevaré a la tumba. Eso señores, es impagable. Podrá parecerles exagerado, pero les repito: hay que vivirlo para saberlo.

    Las novatas no son algo arbitrario ni al azar, las novatadas tienen su razón de ser y están perfectamente intencionadas y dirigidas. Al contrario de lo que les pueda parecer, las novatadas (en su mayor parte claro, siempre habrá alguna manzana podrida en la cesta) carecen totalmente de intención vejatoria y humillante, y no se utilizan para nada remotamente parecido al maltrato o el castigo.

    Si tuviera que definir con una sola palabra a las novatadas, esa palabra sería “integración”. Y aunque les parezca increíble, me reitero en que es así. El principal objetivo y la principal razón de ser de las novatadas es la integración de los novatos en el contexto universitario. Las novatadas sirven para que los novatos pierdan absolutamente todos sus prejuicios, vergüenza, timidez, inseguridad y miedos y se lancen a la piscina. Son el nexo de unión perfecto para conocer y crear amistades entre los novatos y los veteranos. Las novatadas hacen a los novatos romper el hielo unos con otros, conocerse mutuamente e integrarse en el colectivo universitario mediante diversos juegos y gymkhanas que les hacen divertirse y pasar buenos ratos.

    Las novatadas son la puesta en sociedad de los novatos en su nueva vida universitaria, y a la vez les brindan la oportunidad de disponer de la ayuda, el apoyo y el soporte del resto de novatos y de los veteranos para cualquier cosa que puedan necesitar en ese nuevo mundo.

    Además, el hecho de que los recién llegados tengan un “enemigo” común (los veteranos) hace que, aunque no se conozcan entre ellos y recelen de su timidez, formen piña y frente común frente a los veteranos para “frenarles”, “combatirles” y “resistir” ante sus novatadas. Dando lugar a fuertes vínculos y amistades incipientes entre unos recién llegados que hasta entonces apenas se atrevían a decirse hola por el pasillo de la residencia.

    Pero no solo entre novatos surge la complicidad al formar parte de un mismo bando, sino que también el hecho de que los juegos y pruebas que les ponen los veteranos les diviertan hace que surja una fuerte relación de confianza entre el novato y el veterano que se prolongará mucho más allá del principio del curso.

    De este modo un novato tímido, inseguro, perdido, asustado y solitario pasa a integrarse en una residencia de decenas o cientos de estudiantes, con unos vínculos afectivos y amistades tanto con gente de su edad como con estudiantes mayores, creados en un ambiente festivo, desinhibido y alegre como son los juegos y pruebas de las novatadas.

    Además de la integración en la nueva vida universitaria las novatadas representan algo más. Son el espejo de una etapa vital que se acaba. Entre las novatadas más comunes abundan los desfiles de disfraces por la calle, los concursos de karaoke y de baile, las falsa declaraciones de amor a otros novatos, los juegos con nata, hielos, globos de agua o harina, flexiones, las carreras de sacos, de carretillas o una versión del clásico pañuelito adaptada al botellón… ¿Quién cuando ha sido niño nunca a jugado a alguna de estas cosas? ¿Quién no se ha pintado la cara con ceras de carnaval cual payaso de circo? ¿Quién no ha emulado a sus ídolos musicales a costa de provocar las risas de los demás? ¿Quién no ha hecho nunca el ridículo con una chica? ¿Quién no ha jugado nunca al pañuelo o a las carreras de sacos o de carretillas? ¿Quién no se ha tirado globos de agua con sus compañeros de clase?

    Y es que las novatadas representan en esencia todo eso. Rescatan de la infancia aquello que más nos divertía, y nos lo entregan comprimido, reeditado y adaptado a nuestra edad en forma de fiesta, para decir adiós a nuestra adolescencia y dar por fin el paso a la vida adulta.

    Si les soy sincero, durante mi primera semana de novatadas cada día me despertaba con la misma sensación que embriaga a un niño un 6 de enero mientras corre hacia el árbol de navidad, ese cosquilleo inquieto y nervioso de la inminencia de lo desconocido. Las preguntas que antes inundaban mi cabeza (¿Qué hago yo aquí? ¿Quién es quien? ¿Dónde voy? ¿Por qué todo es así?) fueron sustituidas por: ¿Qué graciosísima novatada nos tendrán hoy preparada los veteranos para alegrarnos la tarde entre risas y cánticos?

    He de insistir escrupulosamente en el carácter ABSOLUTAMENTE VOLUNTARIO de las novatadas. Jamás a ningún novato se le obliga a hacer nada que no quiera por su propia voluntad. Es más, quien quiera es libre de quedarse en su habitación y no participar en ni una sola de las novatadas. Lo que ocurre con los novatos que rehúsan a participar en las novatadas suele ser que para cuando ellos conocen al resto de novatos en un ambiente estrictamente formal, el resto de los novatos ya tienen fuertes lazos de unión y confianza forjados durante las novatadas.

    Pero repito, nunca en toda mi experiencia personal he visto a ningún veterano obligar a ningún novato a hacer nada que no quisiera. Y en cambio si que he visto como más de un novato rehusaba a participar en las novatadas, sin que ello supusiera ningún problema para nadie.

    Pero lo posiblemente sorprendente para ustedes puede ser que la práctica totalidad de los novatos participan muy activamente y tienen una opinión muy positiva de las novatadas.

    Como ya he insistido anteriormente, para saber todo esto hay que vivirlo, no basta con tener una ligera noción de lo “vejatorias”, “humillantes” y “malas” que son las novatadas. Hay que ser novato y hay que ser “novateado” para saberlo.

    Por mi parte les puedo decir que en el comienzo de mi primer curso universitario, como novato jugué al pañuelito, corri, competí contra el resto de los novatos, me declaré a unas 30 chicas que no había visto en mi vida, fingí orgasmos, hice flexiones, salí de discotecas vestido de pijama, me pinté la cara, me disfrace, hice el ridículo hasta la extenuación, canté, reí, lloré (pero de la risa), me mojé en calzoncillos mientras los veteranos me lanzaba agua en la calle en pleno octubre, desfilé por la callé, grité, me bajé los pantalones y me quedé con el culo al aire mientras la gente me miraba, fui bañado con una mezcla de ketchup, mahonesa, mostaza, jabón, aceite, vinagre, comida de perro, hígados y pulmones de cerdo en la facultad de medicina, e incluso besé un corazón de vaca con mis labios en dicha facultad.

    Y les repito: todo lo hice voluntariamente, fue una de las mejores y más divertidas semanas de mi vida, conocí a desconocidos que hoy son mis mejores amigos y mis compañeros de vivencias, y viví una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida.

    Y al igual que yo, todos mis compañeros.

    Y TRAS UN CURSO ALCANCÉ LA VETERANIA.

    Y tras pasar mi primer año de novato alcancé el estatus de veterano. Mis novatadas como veterano fueron una autentica dosis de nostalgia: aunque les resulte raro y sorprendente me lo pase mil veces mejor siendo novato que veterano, y ojala hubiera podido serlo más años.

    Ejercí mis funciones de veterano durante 3 años consecutivos con varias generaciones de novatos. Ayudándoles a conocerse, rompiendo el hielo entre ellos, abriéndoles nuestro mundo, y eliminando todos sus prejuicios, timideces, inseguridades y vergüenzas.

    Siempre intenté que se divirtieran lo máximo posible, y una vez acabadas las novatadas fui buen amigo de parte de ellos. Al igual que mis veteranos lo fueron de mi, muchos de ellos siempre dispuestos a echarme una mano siempre que lo necesité.

    Y todo ello gracias a la confianza que las novatadas establecieron entre nosotros, gracias a conocernos, gracias a las sesiones de ridículo público, gracias a los buenos ratos que nos hicimos pasar mutuamente, y gracias a las experiencias vividas juntas.

    Intenté siempre idear juegos y pruebas divertidas y en cierto modo gamberras, aunque siempre sin pasarme de la raya y sin ofender ni incomodar a nadie (las novatadas pretenden crear amistad entre veteranos y novatos, no enemistad).

    Creo en las novatadas como la mejor herramienta de unión entre los estudiantes viejos y los nuevos fuera de las aulas. Aunque las carreras, la edad, la ideología o la procedencia nos separen y nos alejen, siempre nos unirán las bromas, las risas, el ridículo y las gamberradas que tantas buenas horas nos han hecho pasar, tanto a los unos como a los otros. Lo oficial, lo burocrático, lo formal se queda en las aulas; de puertas para afuera solo esta lo humano, y ¿Qué hay más humano que el torrente de sensaciones y sentimientos nuevos, sorprendentes y encontrados que afloran ante una experiencia de integración social como las novatadas? Amistad, risa, complicidad, confianza, bromas, grupo, unión, piña… eso son las novatadas.

    VISTO PARA SENTENCIA.

    Actualmente les puedo asegurar que de todos los colegios mayores y residencias universitarias presentes en Valladolid, solo uno prohíbe en la práctica, de facto, las novatadas. Se trata del colegio mayor Peñafiel (adscrito a la prelatura del Opus Dei, lo cual da buena cuenta de quienes son los amigos de las prohibiciones). El resto, es decir, la práctica totalidad de colegios mayores y residencias, permiten y toleran de facto las novatadas, oficiosamente; aunque oficialmente y de cara al público las prohíban. Y esto es porque los directores y responsables de dichos colegios mayores saben lo que yo se, y conocen realmente las novatadas. De hecho muchos de ellos fueron novatos y veteranos de esos mismos colegios mayores, y conciben las novatadas como una experiencia integradora única.

    Como en tantas cosas de la vida con ciertas virtudes y ciertos vicios, el ideal de las novatadas se encuentra en el equilibrio. No se trata de que las residencias universitarias se asemejen a la cárcel de Guantánamo; pero tampoco de que se comporten como conventos de clausura donde no se puede oír una voz más alta que otra. Tampoco se trata de eso. La universidad siempre se ha caracterizado por su faceta liberal, juvenil, alegre y viva, y eliminar las novatadas sería por definición acabar con gran parte de ese espíritu que define a la universidad. Y una universidad no liberal, ni juvenil, ni alegre, ni viva, dejaría de ser tal cosa para convertirse en un convento.

    Que quede claro y sin lugar a duda, que a título personal condeno cualquier novatada que se salga de los límites del sentido común y la razón humana, vejando o humillando malintencionadamente a los novatos.

    La novatada ideal es la equilibrada, la que integra al estudiante sin ofenderlo ni humillarlo. Y creo sinceramente que la mayoría de las novatadas que hacen los universitarios en este país representan ese modelo ideal de novatada.

    No caigamos en el error de criminalizar las novatadas y crear más problemas donde no existen. El hecho de que 4 personas hagan una burrada cada año en el contexto de las novatadas no debería dar pié a que se criminalizaran ni se consideraran delito (¿o acaso íbamos a prohibir conducir porque 4 personas al año fueran “cazadas” por el radar a 220 km/h?).

    Hay que saber distinguir entre lo que eran las novatadas y lo que son hoy en día. Puede que tuvieran su origen en una forma de abuso de poder del fuerte sobre el débil; pero hoy en día son algo completamente distinto. No podemos juzgar a las novatadas por lo que fueran hace 60 o 70 años, sino por lo que son y lo que representan hoy en día.

    MI CONCLUSIÓN.

    Con esta carta no pretendo que cambien de parecer, es más, me encanta que ejerzan su libertad de opinión y de expresión, pero háganlo con una base de conocimiento razonada, real y representativa. No desde la ignorancia y la lejanía de los despachos y las hogares familiares.

    Lo único que pretendo es hacerles reflexionar. Piensen que quizás su opinión no ha tenido en cuenta todos los matices y puntos de vista, entiendan mis vivencias, incorpórenlas a lo que saben (o a lo que creen que saben) acerca de las novatadas universitarias y reflexionen acerca de su opinión sobre ellas.

    Yo no tengo ninguna opinión sobre las novatadas en las Fuerzas Armadas (por poner un ejemplo), sencillamente porque no las conozco, ni las he visto y, lo que es más importante, ni las he vivido.

    Así que por favor, absténganse de criminalizar lo que no conocen, y pongan atención a la hora de fundar sus opiniones en los testimonios de todos los universitarios, no solo de los que han sufrido a aquellos 4 que cada año tienen la ocurrencia de hacer una burrada.

    Por mi parte, tras estos años de novato y de veterano, me encuentro en el último curso de Medicina (carrera que en la que voy avanzando a curso por año como se suele decir), y no sufro síndrome de estrés postraumático ni daños psicológicos irreversibles. No tengo ningún problema de relación ni de autoestima. No soy un maltratador, ni un violento, ni un abusador, ni un prepotente, ni me suelo meter en peleas. Tampoco tengo trastornos de comportamiento, ni ningún problema psiquiátrico. Y por último no tengo ninguna causa pendiente con la justicia ni antecedentes penales.

    Soy un chaval normal y corriente. Viví las novatadas, las conocí y las experimenté, y repito que no me arrepiento de nada de lo que hice en ellas.

    Actualmente mi hermano es uno de esos polluelos de 18 años que acaba de empezar la universidad en Burgos, y le deseo como mínimo unas novatadas tan buenas como las mías. Y espero que en un futuro, cuando algún día mis hijos o hijas den el salto a la universidad, les estén esperando unas novatadas, tal y como yo las conocí, para integrarse y tirarse a la piscina de la vida universitaria.

    Por mi parte nada más. Ruego por favor le hagan llegar esa carta a los máximos responsables de la asociación, y al máximo número de sus miembros posibles, ya que me encantaría que todos pudieran tener acceso a mi testimonio.

    Espero que, por lo menos, les haya resultado interesante.

    Gracias por su tiempo.

    Reciban un cordial saludo. De un veterano que se enorgullece de serlo, y de un novato que desearía no haber dejado de serlo nunca…

    Valladolid, 3 de octubre de 2011.

    Guillermo Villar Zamora.

  24. Es decir, ante la llegada de un recién llegado:
    -tenéis incentivos para relacionaros con él si le sometéis a situaciones a las que él le ve “la gracia en el culo”;
    -si no existen las situaciones anteriores, no tenéis incentivos para relacionaros con él.

    Perdonad que os diga, pero a algunos nos sigue resultando interesante eso de conocer gente nueva aunque ya tengamos amigos. Por eso de salir de la famosa “zona de confort” que como coach deberías conocer. Y os aseguro que nos divertimos tanto o más que vosotros.

    Un saludo.

  25. Creo que si la gente necesita novatadas como una manera de encontrar amigos para la vida, entonces nuestra sociedad está enferma. Me refiero a enfermos hasta los huesos. Yo estaba en la universidad y nunca participó en ningún tipo de novatadas. Llegué a ser un lobo solitario. De ninguna manera. Pregúntese qué tipo de personas haze otros a su alrededor. Qué nos gusta de ellos? ¿Por qué lo aceptamos, entonces? ¿Cómo se puede defender el acto de novatadas. Sólo las personas emocionalmente inertes pueden. Novatadas es la semilla que nos lleva a los campos de la muerte. Para los campos de concentración. Lo siento mi amigo, pero en mi opinión nadie disfrutar o participar en una novatada necesita ver a un médico en este momento. Pedir a los padres que perdieron a sus hijos en un accidente de novatadas. Pedir al niño o niña despojado frente a un grupo. Para obtener una relación. No, mi amigo porque algunos fanáticos les encanta verlos así.

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