Cambios de agenda

RelojUno de los inconvenientes de vivir en Aranda de Duero (160 kilómetros de Madrid, como a hora y media de viaje) es una menor tolerancia a los cambios de agenda. Es decir, antes (que vivía en Madrid, aunque podía tardar también una horita y pico en llegar a según dónde y a según qué horas) me podían decir “oye, ¿tenemos una reunión esta mañana?” y mi tiempo de reacción era menor. Ahora no es que sea mucho mayor (si me avisan con hora y media de adelanto puedo estar, y antes igual era cuestión de 45 minutos), pero es otra cosa.

Y, por lo mismo, podía darse el caso de que te cancelasen una reunión a última hora y no ser una puñeta. Ahora, si me la cancelan de verdad a última hora, me han hecho desplazarme y eso sí es un incordio… en fin, que me muevo en márgenes más estrechos.

Eso de cancelar las reuniones a última hora me ha pasado ya unas cuantas veces. Siempre en Madrid, afortunadamente. Porque conozco gente que tenía una reunión en Barcelona, se cogían el puente aéreo y al aterrizar veían un mensaje en el móvil en plan “se ha cancelado la reunión, ya quedaremos para reagendarla”. Y tan contentos. Y te encuentras con que has gastado una pasta, has dedicado medio día, y total para nada.

En fin, de nuevo, a mí me gusta ser respetuoso con las agendas ajenas. No me gusta cancelar reuniones, y menos a última hora. No me gusta hacer esperar a la gente con la que he quedado, porque pienso que su tiempo vale, al menos, tanto como el mío. A veces hay circunstancias que no se pueden evitar (la última vez, me levanté con un gripazo y preferí cancelar lo que tenía que presentarme hecho un cromo), pero a veces creo que la gente no se da cuenta de los inconvenientes que se generan.

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