Comer con un exjefe

(Qué barbaridad, ¡casi una semana sin escribir! Con lo que soy yo… en fin, rachas, supongo.)

El lunes pasado comí con un ex-jefe. Considero que he tenido tres jefes, tres personas de referencia a lo largo de mi trayectoria profesional (bueno, ahora cuatro… o cinco si contamos el de las prácticas en la universidad). Luego he tenido gerentes, seniors… pero a esos los he visto más como “compañeros de rango superior con los que colaboro de forma circunstancial” más que como jefes “absolutos”. Bueno, pues en orden cronológico, éste es el segundo (o tercero, según se mire).

En mi mailing de despedida le incluí, y desde entonces habíamos estado buscando la ocasión de quedar un día. Supongo que él tenía cierta curiosidad por ver en qué fregado me había metido. Así que tuvimos una agradable comida, nos contamos la vida y ya está.

La verdad es que para mí es un orgullo y una satisfacción poder decir que me llevo bien con mis jefes. Hay gente para la que parece que eso es un anatema, que llevarse bien con el jefe es de pelota o de “pringao”. Yo no me considero ni una cosa ni la otra. Creo que llevarse bien con un jefe (y me refiero a hablar con franqueza de temas laborales, no a ser “amiguete” de pádel y de copas, ni a presentarse a las familias y quedar los fines de semana, que es muy diferente) es síntoma de que las cosas se están haciendo bien, tanto el uno como el otro. Si no… malo, algo no funciona.

Y que esa buena relación perdure después de acabada la relación profesional estricta, también me encanta. Porque te deja la sensación de haber dejado un buen poso, personal y profesional. De que una etapa profesional ha sido provechosa para uno mismo y para los demás. Y de que, por qué no, en el futuro puede reeditarse.

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Raúl Hernández González

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0 comentarios en “Comer con un exjefe

  1. Enhorabuena por conseguir mantener esa relación, espero que escribas algo al respecto dentro de, por ejemplo, 6 meses. Aunque soy algo escéptico.

    Yo tuve un jefe de esos de “referencia en mi carrera profesional”, mentor por obligación pero, creo, también por la buena relación. Desde el día d+1 de salir de la compañía, la relación se limita a que contesta a los correos que le mando en su cumpleaños y poco más. Quedamos a comer poco despues y anulo en el último momento por una in/oportuna gripe.

    En fin, que mi escepticismo está basado en mi mala experiencia, pero quizás lo que revela es que, esa supuesta buena relación, no lo era tanto.

  2. Supongo que el jefe soy yo. Sólo puedo añadirle a Rafa que considere que la vida profesional es muy larga y que lo importante no es ni la frecuencia ni la calidad de los contactos sino la imagen y el poso que os hayais dejado el uno al otro. Eso es lo que reactivará la relación cuando sea necesario u oportuno.

  3. Yo puedo decir orgullosa que también mantengo gran relación con mis ex jefes (profesional, evidente). Con uno de ellos, todo empezó con un mail típico de´”como va todo”. Ahora, mucho tiempo después, somos colegas en diferentes empresas. Nos vemos poco, porque vivimos en ciudades diferentes, pero mantenemos y mimamos nuestra relación (de hecho os diré que se casa una hija suya y me ha invitado a la boda)

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