Los viejos camaradas

Hoy tengo la suerte de comer con un antiguo colega y, sin embargo, amigo.

La vida en la consultor�a es un cont�nuo ir y venir de gente. Aun cuando uno permanezca estable en una firma, o en una ciudad (cosa que casi nunca ocurre), la gente que est� alrededor entra y sale de tu vida profesional con una velocidad pasmosa. Nuevos proyectos que suscitan la formaci�n de nuevos equipos, numerosas incorporaciones anuales (de gente cada vez m�s joven… �o es uno el que es m�s viejo?), unas tasas de rotaci�n enormes…

Con muchas de esas personas, la relaci�n no pasa de ser (no puede ser de otra forma) superficial: intensa en lo profesional (muchas horas de trabajo juntos, muchos marrones defendidos, mucho frente com�n “contra” los clientes), pero superflua en lo personal (poco m�s all� del “qu� tal el fin de semana” o “qu� tal va todo”).

Sin embargo, siempre hay un “n�cleo duro”, aquellos con los que surge una afinidad especial (a veces no se sabe muy bien c�mo, viendo los caracteres tan dispares). Son esos con los que las horas de trabajo resultaban menos penosas, esos con los que no te importaba prolongar la relaci�n m�s all� de las puertas de la oficina. Son esos con los que, una vez que la relaci�n profesional queda atr�s (porque uno o m�s abandona el que fuera el barco com�n), no resulta forzada una llamada, una comida o cualquier plan com�n.

Son, en definitiva, los amigos que esta profesi�n nos ha puesto en nuestras vidas.

Hoy, como digo, tengo la suerte de comer con uno de esos.

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Raúl Hernández González

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0 comentarios en “Los viejos camaradas

  1. Hola a todos.

    A mi me paso lo mismo en la Facultad, ya que nacio un “nucleo duro” a pesar de nuestras conflictivas personalidades y egos, permaneciendo ese nucleo duro hasta hoy, salvo en un unico caso, en el cual el ego le obligo a pasar por encima nuestro y de otros compa�eros de trabajo segun las ultimas noticias que tuvimos. Como dice el refran “quien tiene un amigo tiene un tesoro”.

    Saludos a todos.

  2. No s� si es un caso especial, pero mi “n�cleo duro” se ha forjado en los viajes. Se trataba de proyectos de muy largo plazo (m�s de dos a�os por lo general), que nos obligaban a permanecer lejos durante largas temporadas. Es un cocktail fuerte, la tensi�n del trabajo y la soledad, une mucho.

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