Mercado sí pero

Los que me lean habitualmente ya sabrán que soy un firme creyente del mercado. Y me refiero a los mecanismos básicos de éste, aquello de que un vendedor y un comprador sólo se pondrán de acuerdo en un intercambio si ambos se sienten satisfechos con él (lo que obtienen a cambio es más de lo que sacrifican; ambas cuestiones puramente subjetivas), que en igualdad de condiciones elegiré comprar al más barato, y procuraré vender al que mejor me pague.

Tampoco creo que sea una fe que tenga ningún mérito, igual que no lo tiene creer en la gravedad. Me parece una realidad evidente por sí misma que todos podemos comprobar en nuestro día a día, y que se adapta a la naturaleza humana.

Y esto es así en esencia. Pero…

El otro día estuvimos viendo “La Gran Apuesta“, película centrada en la “crisis financiera de 2008“, que me dejó un regusto profundamente amargo.

El dinero es un subproducto lógico del mercado, una herramienta que facilita los intercambios y permite “traducir” el valor de los intercambios a un lenguaje común. Igual pasa con los intereses, un precio que permite la existencia de un mercado entre un momento actual y un momento futuro. O con los mercados secundarios, donde lo que se intercambia son títulos de propiedad sobre un subyacente. Todo ello puede ser explicado fácilmente a partir del mercado más simple (pensemos en los intercambios de un mercado medieval, por ejemplo). Y sin embargo, desde su propia concepción estas figuras han derivado en una complejidad creciente, un alejamiento de la economía real a la que se supone que deberían estar vinculados.

Pensemos en el dinero, en cómo una moneda no deja de ser una ficción que solo funciona en la medida en que hay confianza en que representa algo, en que tiene algún tipo de respaldo. Pensemos en esos bancos que guardan tu dinero y lo prestan una, dos, tres veces… En la capacidad de un determinado organismo-banco central para incrementar o reducir la cantidad de dinero a voluntad. En qué pasa cuando una moneda “cae en desgracia”, en los procesos de hiperinflación, en la evolución de los tipos de cambio entre distintas monedas y cómo afecta todo esto al valor de una economía real que en realidad es la misma.

Pensemos en los tipos de interés, en la deuda. Pensemos de nuevo en los balances de bancos (¿serían capaces de devolvernos a todos el dinero que tenemos con ellos?), o en la deuda de los países en eterna refinanciación… ¿alguien espera realmente que los países paguen sus deudas y se queden “a cero” algún día, o sólo estamos dando patadas hacia adelante a ciegas?

O esos mercados financieros donde los subyacentes son casi irrelevantes, donde las compras y ventas se hacen pensando más en la evolución de los precios que con realmente ser propietario de algo de la economía real que da unos determinados resultados. O esos productos complejos que resulta difícil saber a qué responden (solo que yo meto dinero aquí y luego me dan una rentabilidad).

Yo se supone que estudié todo esto, y a pesar de ello no puedo deshacerme de la sensación de que es todo una gran mentira, una economía falsa construida con naipes de papel, un enorme esquema piramidal en el que todos participamos cerrando los ojos, un emperador desnudo al que todos vitoreamos. Un espejismo tan frágil que el día que reviente nos preguntaremos cómo fue posible que nos lo tragásemos.

Claro, se supone que para darle solidez y transparencia a todo hay una serie de instituciones que lo mantienen. Bancos centrales, Ministros de Economía, reguladores, agencias de calificación, grandes bancos llenos de expertos, auditores, prensa independiente, académicos. Un ecosistema de contrapoderes que, en principio, velan porque no se caiga el invento. Así nos lo venden. Luego resulta que es todo apariencia, un conjunto de elementos que se cubren las espaldas unos a otros y que en el proceso de “defender el sistema” se enriquecen, los primeros interesados en alimentar la fantasía porque al fin y al cabo viven de ello.

Y lo peor somos nosotros, que no queremos ver. Suceden episodios como los de Lehman Brothers en 2008, como lo de Enron en 2001, con los rescates bancarios, con las quiebras de entidades financieras, como todo lo que ha sucedido antes y seguirá sucediendo. Episodios que nos permiten verle el cartón al sistema, adivinar su fragilidad y su podredumbre. Situaciones que deberían llevarnos a decir “joder, ¡que es todo una gran mentira!”. ¿Pero qué hacemos si todo es una mentira? No podemos soportarlo. Aceptamos como buena cualquier explicación, nos conformamos con que se sacrifiquen uno o dos chivos expiatorios, hacemos como que nos creemos que se han tomado medidas para que se restablezca el orden, “ya está todo arreglado”, hacemos un par de películas catárticas que sirven más para “digerir” lo sucedido que para generarnos ninguna reacción, echamos tierra sobre el asunto y seguimos adelante como si nada hubiera pasado, como si todo estuviese bien.

“¿Y qué harías tú?”, diréis. No lo sé. Quizás no haya solución, quizás estemos abocados a esto. Quizás sea todo una consecuencia inevitable del mercado, y lo único que podamos hacer sea cerrar los ojos y seguir adelante, y cuando todo reviente pues reventó.

Contenido relacionado:

Continue Reading

Niño de campamento

Hace 30 años, un niño de 10 años subía en un autobús rumbo a Ribadeo, donde iba a pasar dos semanas de campamento organizado por los Escolapios. Allí se uniría a otras decenas de niños (y niñas. ¡Niñas!) procedentes de otros colegios de la orden. En el autobús desde Salamanca iban algunos compañeros de clase, pero no especialmente amigos; tampoco es que ese niño tuviese demasiados. Era la primera vez que se alejaba tanto, en distancia y en tiempo, de su casa, de su familia, del entorno que (mejor o peor) tenía “controlado”. Conociéndole, supongo que lo afrontaba con una mezcla de expectación y de nervios, tratando de autoconvencerse de que “seguro que va a ser guay” y de espantar la sensación de “quién me manda a mí, con lo a gusto que estaría en casa”.

A estas horas, otro niño de 10 años está subiendo en un autobús rumbo al campamento de verano donde pasará los próximos 10 días. Será la primera vez que se aleje tanto del entorno que conoce, la primera vez que pase tantas noches sin dormir en una cama conocida, sin familia alrededor. Tendrá que adaptarse a un escenario distinto, a la convivencia con un montón de gente, a un ritmo de actividades diferente al cotidiano. Habrá momentos de diversión, y otros momentos de agobio. Tratará de encajar, y a ratos lo conseguirá y a ratos no. Algún rato deseará no haber ido, y otros ratos deseará no tener que volver a casa. Afrontará situaciones nuevas a las que tendrá que enfrentarse lo mejor que sepa; algunas las resolverá bien y otras, inevitablemente, le saldrán mal. Y tendrá que llevarlo lo mejor que pueda.

Mientras tanto sus padres se quedan en casa, deseando que todo le vaya bien, aunque sabiendo que es imposible. Han intentado darle consejos, pero nunca se pueden cubrir todas las eventualidades (y, para ser sinceros, tampoco tienen todas las respuestas) y, en todo caso, no van a estar allí para tomar las decisiones; va a ser el niño quien lo haga. Quien acierte y quien se equivoque. Quien disfrute o sufra las consecuencias, y quien tenga que digerirlo, incorporarlo a su experiencia y seguir adelante. Saben los padres que cada vez va a ser así con más frecuencia, que cada vez les toca asumir un rol más secundario. Que esto no es más que un aperitivo, y que cada vez más la vida de su hijo va a convertirse en un campamento continuo en el que, incluso aunque durante algunos años sigan compartiendo techo, sus experiencias y sus decisiones serán cada vez más independientes. Saben también que está bien que así sea, que de eso se trata: de que su vida sea realmente SU vida, y no un apéndice de la de otros.

Y al final resulta que aquel niño de Ribadeo, en el fondo, sigue de campamento; enfrentándose a cosas nuevas, adaptándose a lo que viene, tomando decisiones lo mejor que sabe y aprendiendo a digerir las consecuencias.

Contenido relacionado:

Continue Reading

Poner a la persona en el centro

Hay una cita de Richard Branson que me encanta:

“Los clientes no son lo primero. Los empleados son lo primero. Si te ocupas de tus empleados, ellos se ocuparán de tus clientes”

Tom Peters lo expresa de una forma más extendida

You take care of the people.
The people take care of the service.
The service takes care of the customer.
The customer takes care of the profit.
The profit takes care of the re-investment.
The re-investment takes care of the re-invention.
The re-invention takes care of the future.

Es una lógica bastante aplastante. “Si quieres impresionar a tus clientes, primero tienes que impresionar a los que van a impresionar a tus clientes”, dice Peters en otro momento. ¿Quién se atrevería a decir lo contrario? De hecho, no hay compañía que no diga que “las personas son lo más importante”.

Pero ay, del dicho al hecho hay tanto trecho…

En la mayoría de las organizaciones que conozco (y a estas alturas empiezan a ser bastantes) esta declaración de intenciones se choca con la realidad. Rara vez es la empresa la que se pone al servicio de la persona, si no que se fuerza a la persona a que se adapte al molde. “Los listos” definen cómo deben ser las cosas, y las personas deben aceptarlo (y si no, mira, hay cola de gente esperando). Es la empresa la que decide cuál va a ser tu horario, cuándo vas a tener formación, cuándo te toca feedback, cuándo y cómo cobras, cuándo y a dónde te vas a trasladar, la que te dice lo que se puede hacer y lo que no, cuándo y cómo vas a poder pedir cita para tratar un asunto, eres tú el que se tiene que desplazar a la oficina en el quinto coño para resolver un trámite. Etc.

“Hombre, Raúl, es que sin un poco de organización esto sería ingobernable”. No. Ingobernable no. Más difícil sí. Más incómodo sí. Más exigente sí. Menos controlable sí. Menos escalable sí. Menos reducible a numeritos e informes sí. Menos rentable en el corto plazo, posiblemente. Pero ¿imposible?

Éste es uno de esos casos de “pastilla azul vs pastilla roja“. Si de verdad te crees que las personas son lo primero entonces asumes las consecuencias, en la creencia de que eso tendrá un resultado en el medio y largo plazo. Y si no actuarás como actúan la mayoría de empresas, priorizando los procedimientos, la homogeneización, la comodidad, el control, la cuantificación… y luego, si queda algo al final de la cola, ponemos a las personas. Pero eh, sí, puedes seguir diciendo que las personas son lo más importante.

Contenido relacionado:

Continue Reading

Historias de profesionales independientes: Alfonso Romay

(Esta entrevista pertenece a la serie de “Historias de profesionales independientes“, puedes ver más en este enlace)

Normalmente no se da uno cuenta de las vueltas que lleva dando por esto de internet, hasta que de repente cuando vas a presentar a tu entrevistado te acuerdas de aquel podcast que compartisteis hace “sólo” 9 años. Alfonso Romay, maño de pro y “uno que mira al norte” es compañero de camino blogosférico desde casi el principio, y aquí seguimos. Consultor especializado en tecnología y gestión, con especial foco en entornos de complejidad e incertidumbre, aporta grandes dosis de sentido común también a esta reflexión sobre la figura del “profesional independiente”

AlfonsoRomay3

Cuéntanos un poco tu trayectoria profesional, ¿cómo has evolucionado? ¿cómo llegaste a ser un “profesional independiente”?

Es curioso porque llegué a ser profesional independiente sin buscarlo. En mi caso, el peso específico de la vocación ha sido mínimo.

Sin haber terminado la carrera de Ingeniería en Informática empecé a hacer prácticas en una pequeña empresa. Estamos hablando de 1998, y éramos dos personas en el proyecto. De aquellas prácticas surgió un proyecto que se transformó en un negocio de desarrollo de software y consultoría en Gestión de personas. Enseguida me hicieron socio y empezamos a conseguir clientes y a crecer. Crecimiento y rentabilidad, fueron años de mucho aprendizaje y de evolución como organización. De la parte técnica salté a la gestión, como Project Manager primero y como Director de Desarrollo de Negocio después.

Sin embargo, cuando sientes que el proyecto ya no te hace vibrar y tus prioridades han cambiado, es mejor dejar paso. Estás en una espiral de proyectos encadenados donde no aprendes. Y luego estaba el ambiente tóxico que se respiraba en la oficina. Con ese panorama, después de 15 años dejé por voluntad propia un trabajo que me había apasionado durante años, para abrir una nueva etapa profesional. Fue una decisión largamente meditada, tenía la sensación que ese ciclo ya había finalizado y que, probablemente, hacía tiempo que lo estaba. Hubiera sido más fácil seguir la inercia de lo conocido (y la seguridad que supone), pero necesitaba algo más. Lo resumió perfectamente Carlos Barrabés hace tiempo: “Inventar nuestro empleo cuando en realidad queremos reinventar nuestra vida y de repente te descubres a ti mismo.”

“Inventar nuestro empleo cuando en realidad queremos reinventar nuestra vida y de repente te descubres a ti mismo.”

¿Crees que esa experiencia previa es importante antes de dar el salto? ¿Ves viable que una persona inicie su carrera como “profesional independiente”?

En esa transición considero que es fundamental tener visión de negocio y conocerte bien. La experiencia de 15 años fue fundamental para dar el paso, especialmente en el ámbito comercial y en entender las necesidades de los clientes. Es algo que se adquiere con el tiempo. Así que no recomendaría a alguien sin (o con poca) experiencia laboral, lanzarse directamente al mundo de la independencia.

¿Qué es lo que más valoras de ser un “profesional independiente”?

Lo tengo muy claro. Los aspectos que más valoro son la libertad de elección, y la disponibilidad del tiempo propio. No podía ser de otra forma si hablamos de “independencia” :-)

¿Cuáles son las mayores dificultades a las que te encuentras?

Lo he contado en algunas ocasiones. La realidad es que trabajas muchísimas horas, incluso más que como trabajador por cuenta ajena. Aparecen bastantes momentos de falta de productividad, nunca estás seguro si haces las cosas de la mejor forma posible o con la intensidad adecuada. Y tampoco tienes puntos de referencia, así que te cuestionas constantemente si lo puedes hacer mejor.

Entre los aspectos más negativos, la sensación de carrera de la rata. Es algo común a los profesionales que trabajamos por proyectos. Básicamente, como profesional independiente vendes su tiempo por una tarifa (horaria, por hitos o por proyecto). Cuando trabajas por proyectos, a veces tienes la sensación de no poder escapar: no puedes plantearte nuevos proyectos porque los actuales ocupan todo tu tiempo pero, por otro lado, tienes que generar nuevos proyectos para seguir creciendo. Quizá el enfoque sea, a medio plazo, buscar un modelo de venta de producto, no tanto de proyecto. Un modelo que me permita generar ingresos recurrentes sin necesidad de tener que dedicar tiempo presencial.

¿Cómo compensas esa sensación de falta de referencias que tiene uno cuando va por libre?

Intento estar al día de los temas que pueden afectar a mi trabajo. A escala micro, en temas de productividad, gestión o tecnologías con las que trabajo. También intento prepararme a escala macro, leyendo sobre tendencias tecnológicas, sociedad, demografía, economía, globalización o energía. Entender el contexto es fundamental para desenvolverte más eficazmente.

¿Qué habilidades crees que son fundamentales en esta situación?

Podría decir que pensamiento crítico, visión sistémica o alguna otra competencia sesuda para quedar como un buen consultor :-)

Pero tengo claro que las dos habilidades que marcan la diferencia de los profesionales independientes son la preparación y la capacidad de adaptación. Por hacer un símil, veo al profesional independiente como un camaleón.

En primer lugar, estoy convencido que estar preparado para cualquier cosa te hace más capaz. En entornos de alta incertidumbre como en los que nos movemos/moveremos cada vez más, la planificación pierde fuerza.Nuestra máxima debe ser estar lo mejor preparados posible para cualquier cambio, sea el que sea, y poder tomar decisiones al respecto. El mundo profesional es un prueba de aguas bravas, no una competición de remo. Por supuesto, la siguiente cuestión es cómo estar mejor preparado.

Veo al profesional independiente como un camaleón

Segundo, siendo un profesional independiente te enfrentas cada día a diferentes contextos y entornos. Debes ser capaz de asumir con naturalidad el cambio y adaptarte, y entenderlo como parte inherente a tu trabajo. Si además eres organizado y disciplinado, tienes mucho ganado. Mantener la calma, y orientarse rápidamente a los resultados y acciones es fundamental para moverse en estas aguas pantanosas.

¿Y cómo hace uno para estar preparado? ¿Qué acciones concretas consideras que te permiten mejorar tu preparación?

En mi opinión, la respuesta es actitud para dedicar tiempo a pensar, a observar, a leer, preguntar y aprender. Y, sobre todo, tratar siempre de evitar dar cosas por sentadas. La mayoría de las personas que conozco y tienen esa habilidad son personas muy conectadas, que hacen un uso intensivo de las redes sociales y personales.

Actitud para dedicar tiempo a pensar, a observar, a leer, preguntar y aprender. Y, sobre todo, tratar siempre de evitar dar cosas por sentadas

¿Qué herramientas utilizas para facilitarte el trabajo?

Aunque pueda parecer contraproducente, la mejor herramienta que llevo siempre encima es una libreta y un bolígrafo, porque necesito escribir las cosas para no olvidarme. La edad no perdona :-) Eso sí, en cuanto tengo el momento lo paso todo a formato digital.

En cuanto a herramientas tecnológicas, prácticamente todo lo que necesito está el móvil: trabajo casi todo con herramientas Google (Drive, Gmail, Calendar) y algunas herramientas de comunicación como Slack, Telegram o Hangouts. Para la organización de tareas con clientes o redes de consultores, utilizo intensivamente Trello y Teamwork, una buena herramienta de seguimiento de proyectos y tareas.

Para estar informado, tengo Twitter instalado en el móvil. Es la única red social que utilizo desde el móvil, el resto (Facebook, Linkedin) no las tengo instaladas en el móvil. Finalmente, para recopilar materiales que me sirvan para el trabajo o como lectura interesante utilizo Pocket, aunque reconozco que almaceno a más ritmo que elimino.

¿Qué reacciones sueles encontrar a tu alrededor (entorno familiar, amigos, conocidos, etc.) cuando conocen tu forma de trabajar?

En general, en el entorno familiar no tengo dificultades de entendimiento. Quizá el momento más crítico fue pasar de asalariado a trabajador por cuenta propia, porque coincidió además con un momento de cambio profesional de mi pareja. Todo eso provocó una cierta sensación de vértigo, más por desconocimiento que por miedo.

Por supuesto, que entiendan mi forma de trabajar no supone que la hagan propia. Tengo la sensación que algunos/as me ven como un bicho raro, por renunciar a un trabajo cómodo y (relativamente) bien pagado por un camino mucho más escabroso. Pero quienes me conocen bien saben que lo estoy disfrutando mucho ;-)

Tengo la sensación que algunos/as me ven como un bicho raro, por renunciar a un trabajo cómodo y (relativamente) bien pagado por un camino mucho más escabroso

¿Qué reacciones sueles encontrar en el ámbito profesional (posibles clientes, etc.) cuando conocen tu forma de trabajar?

Tampoco me ha supuesto ningún problema explicarlo. El trabajo del profesional independiente es un trabajo de confianza, así que cuando alguien contacta conmigo es porque ya conoce mi modo de trabajar (o lo intuye).

Hablas sobre la relación de confianza con los clientes, y cómo normalmente cuando te contactan es porque ya conocen tu forma de trabajar… ¿supone eso una barrera a la hora de conseguir nuevos clientes? ¿Cómo afrontas la “labor comercial”?

Afortunadamente, no he necesitado hacer un trabajo comercial intensivo. Pero, como decía hace poco Manuel Jabois, me he convertido en especialista para sacar mucho partido a mis pocos recursos. Me está funcionando bien el trabajo de recomendación entre clientes, reforzado con escribir en mi blog y dar a conocer mi trabajo en cursos de formación.

Las mayores dificultades que encuentro es la asunción que algunos clientes hacen de tu trabajo como “freelance”, algo diferente a “profesional independiente”. La connotación es que solo puedes ser “independiente” desde una elección volitiva, y eso el cliente no lo conoce. El trabajo freelance está muy devaluado porque apenas existen barreras de entrada, y esto hace que haya muchos “francotiradores” dispuestos a trabajar a cualquier precio.

No es mi caso. En ese sentido, alguna mala experiencia me hizo plantearme mis propias normas, líneas rojas que no cruzaré ni siquiera si las cosas van mal. Por poner un ejemplo, una de mis líneas rojas es negociar presupuestos a la baja. Como proveedor, creo que me hace perder credibilidad. Si el cliente necesita una reducción de precio porque se escapa de su presupuesto, tendrá que haber una reducción de alcance del proyecto. Y ese alcance tendrá que ser acorde con el presupuesto que acordemos. Si no llegamos a un acuerdo, no pasa nada. Simplemente, no soy su proveedor ni es mi cliente.

Resumiendo, igual que los perros se parecen a sus dueños, los clientes tenderán a parecerse a cómo trabajes comercialmente con ellos. Si actúas de forma responsable, es más que probable que el cliente actúe de la misma forma. Si aceptas cualquier condición para llevarte el proyecto, ten por seguro que tendrás problemas.

Igual que los perros se parecen a sus dueños, los clientes tenderán a parecerse a cómo trabajes comercialmente con ellos

¿Cómo crees que evolucionará el mundo del trabajo? ¿Qué rol crees que jugarán los profesionales independientes en él?

Como cualquiera que esté medianamente informado, veo un futuro del empleo con cada vez menos empleo indefinido, y menos indefinido que nunca. También más contratos parciales y temporales, y muchos autónomos. Es una respuesta a la demanda de flexibilidad de las empresas, pero esconde también muchas situaciones de trabajo autónomo a la fuerza, o de precariedad, cuando no empleo sumergido. Es algo que habrá que vigilar y eso plantea otro escenario: los sindicatos tendrán que reinventarse para adquirir una función más relevante o, simplemente, desaparecerán.

De nuevo, a escala macro, la globalización dará oportunidades de crecimiento en cualquier parte del mundo. Todo hace pensar que será un entorno cada vez más urbano. A escala de persona, intuyo que cada vez pesará menos tu currículum, qué has estudiado e incluso qué experiencia aportes. Tendrán mucho más peso las competencias transversales, las habilidades hiper-especializadas y, sobre todo, el valor que seas capaz de aportar.

Tendrán mucho más peso las competencias transversales, las habilidades hiper-especializadas y, sobre todo, el valor que seas capaz de aportar

Probablemente, con más profesionales independientes en liza, trabajaremos menos aislados y colaboraremos más dentro de un escenario mucho más grande que quizá ni veamos. Además de las habilidades que hablábamos antes, el uso intensivo de la tecnología e idiomas será fundamental. En el caso de profesionales independientes, está claro es la tecnología facilita enormemente la posibilidad de ofrecer tus servicios por libre, conectados a otros profesionales y a tus clientes a través de Internet. Pero no creo que esta elección sea para todo el mundo, es lógico que haya gente que prefiera la seguridad de un salario fijo.

Pero tampoco me cerraría a que el futuro sea diferente. Como decía Niels Bohr, “predecir es muy difícil, especialmente cuando se trata del futuro.” :-)

Contenido relacionado:

Continue Reading

Especialización y paquetización, ¿hora de caerse del guindo?

La semana pasada tuve un par de conversaciones que me hicieron reflexionar, no sin cierto pesar.

Por un lado, en la conversación con David López él puso mucho énfasis en diferenciarse mediante la especialización, “yo soy esto”. Y en buscar nichos y explotarlos.

Por otra parte, tomando una caña con un antiguo compañero, me contaba que estaba a punto de licenciar unos productos de formación “muy bien armados”. Estuve echando un vistazo y era el típico curso sobre comunicación, trabajo en equipo, etc, etc… con un lacito, una marca, una “metodología patentada”. “Al final, es lo que te está demandando el mercado, nadie quiere que les hagas cosas a medida si no que les vengas con un producto”.

Especialización. Paquetización. Así es como llegas al mercado.

Llevo años resistiéndome a esas ideas. Defendiendo que ser generalista es un valor. Defendiendo el enfoque personalizado y “artesano” por encima de la aplicación industrial y repetitiva de una metodología o un “producto”. Defendiendo que frente a los vendedores de “soluciones probadas” había hueco para la exploración honesta.

No es la primera vez que me asaltan estas dudas, y de hecho ha sido algo bastante recurrente a lo largo de los años. Pero esta vez, a estas alturas, estoy empezando a “sentirlo”. Quizás haya llegado el momento de rendirse, dejar atrás el idealismo y ponerse “práctico”.

Meh.

Contenido relacionado:

Continue Reading

People Analytics: ¿el futuro de la tecnología aplicada a la gestión de personas?

big-data-1

La semana pasada estuve en un evento que giraba alrededor del concepto “People Analytics”. Un concepto para mi gusto todavía difuso, que a grandes rasgos implica la aplicación de un enfoque de “análisis de datos” a la gestión de RRHH. La idea es que la tecnología actual permite recopilar muchos datos, y tratarlos de forma sistematizada, para identificar patrones que te permitan tomar decisiones “más racionales”.

Como dicen en la introducción de este curso de la Wharton School

People analytics is a data-driven approach to managing people at work. For the first time in history, business leaders can make decisions about their people based on deep analysis of data rather than the traditional methods of personal relationships, decision making based on experience, and risk avoidance

¿Por qué digo que me parece un concepto difuso? Porque, como sucede con muchas “conceptos que se ponen de moda”, tengo la sensación de que se está vendiendo como novedoso algo que realmente no es más que una evolución de la “evidence-based management” (vamos, que “objetivar” la gestión es una aspiración de hace muchos años), y que al calor de la etiqueta se intenta vender como “people analytics” cosas que son más simples que el mecanismo de un chupete y que se hacen hoy como se hacían 20 años (no depende de la tecnología, si no de la cultura).

De hecho, esta sensación fue la que me dio durante el evento, en el que se mezclaron algunos detalles interesantes con no pocas generalidades: mezclemos un poco de “people analytics”, “digital transformation”, “big data”… aderezados con “el rol estratégico de la dirección de rrhh” y “la importancia de las personas en las organizaciones”… y ya tenemos hecho el día. Diréis que a estas alturas debería estar acostumbrado… pero me sigue poniendo de los nervios. Pero bueno, como decía en algún tuit, “separar el grano de la paja” acaba por ser una habilidad profesional fundamental.

¿Qué cosas me parecieron interesantes?

Como decía más arriba, esto del “people analytics” me parece una evolución de la gestión en base a métricas. Y comparte con ella muchos de sus problemas.

  • ¿Qué medimos? Decía en alguna de mis intervenciones durante la jornada (y es un argumento que utilizo con frecuencia e el blog) que tenemos la tendencia a “medir lo que es fácil medir” y no necesariamente lo que importa. Pero como resulta que “no todo lo que puede ser contado cuenta, y no todo lo que cuenta puede ser contado”, pues tenemos un problema. Alguien ilustraba esta situación con el chiste del borracho que busca sus llaves a la luz de una farola aunque no se le habían caído por allí… “pero es que aquí es donde hay luz”.
  • ¿Cómo lo medimos? Derivado de lo anterior. Lo que es fácil y evidente de medir (p.j. antigüedad media, personal equivalente, salario medio, etc…) no genera demasiados problemas. ¿Pero cómo medimos el desempeño? ¿La motivación? ¿La eficacia de un equipo? ¿El clima? Llevamos años tratando de implantar mecanismos que sistematicen esas medidas, pero siempre con dificultades. No hay mecanismos que no impliquen sesgos. No hay forma de homogeneizar mediciones cuando se basan en percepciones subjetivas. Cuanto más profundidad buscas más resistencia encuentras entre las personas (¿tengo que rellenar una encuesta de 100 puntos cada tres meses? ¿Tengo que hacer una evaluación del desempeño de dos hojas?) y si lo haces simple para que la gente colabore acabas teniendo información de poca calidad. El “people analytics” no elimina estos problemas, si no que debe construirse sobre ellos (para “analizar datos” tienes que tener unos datos de origen… y ahí está la madre del cordero)
  • Seguimos teniendo un problema de cultura. Por un lado nos sigue costando aceptar que la realidad hay que medirla con datos objetivos y no con anécdotas (y lo mismo aplica a “las métricas de toda la vida” que “people analytics”), y que la “tozuda realidad” muchas veces va en contra de nuestras “percepciones”. En muchas organizaciones se obvian los datos simplemente porque no encajan con lo que queremos, y contra eso poco se puede hacer. Igual que tampoco se puede luchar contra la idea de que muchas veces “es mejor no saber” porque eso nos obligaría a actuar, y nos dejaría en mal lugar si no actuamos. Así que nos aferramos al principio de negación plausible, “yo no sabía”, y listo.

Durante la jornada se plantearon un par de casos que me resultaron interesantes. No sé si los vincularía al concepto de “people analytics” como tal, si no más bien a “tecnología aplicada a la automatización”. Por un lado, una herramienta que permite el “análisis semántico” de curricula (incluyendo info de fuentes públicas como los perfiles de LinkedIn) y de ofertas de trabajo. Por otro, una herramienta que es capaz de analizar y valorar automáticamente la “calidad del código” de un desarrollador. En ambos casos me interesó la capacidad que va teniendo la tecnología para automatizar criterio que hasta ahora se dejaba en manos de personas. Podemos discutir si la calidad de esos análisis automatizados llega a día de hoy a la que pueda alcanzar un analista experto humano; pero estamos hablando de una cuestión de volumen, y si una máquina puede peinarse miles de CV’s en cuestión de minutos con una eficacia del 90% sin duda es un avance brutal comparado con lo que supondría tener humanos haciéndolo.

Lo cual me lleva a otra de las reflexiones importantes. ¿Cuál es la masa crítica para la que los beneficios de este tipo de planteamientos superan a sus costes? Porque poner en marcha un proyecto de automatización, o establecer un modelo de recopilación y análisis y modelado de datos (y mantenerlo, que eso no va solo) tiene un coste importante. No fue un tema que se abordase en el evento, pero la sensación que me dio es que la barrera de entrada es elevada.

En varios momentos de la charla se dejaron caer pistas de por dónde podría evolucionar todo esto en el futuro. Volúmenes ingentes de datos, procedentes de fuentes desestructuradas que alimentan de forma inmediata modelos de datos que son capaces de retroalimentarse y aprender por sí mismos, ofreciéndonos no solo una visión clara y con sentido de la realidad tal y como es, si no ayudándonos a predecir el futuro. Suena bien. Pero así, de inicio, me parece más una declaración de intenciones altisonante. Basada sin duda en las posibilidades reales de la tecnología, pero no sé si fácilmente aplicables al ámbito de la gestión, donde tanto en la recopilación de datos como en la toma de decisiones en base a ellos estamos tratando con personas y sus múltiples matices.

En resumen, me pareció que esto del “people analytics” es un terreno blandito, en el que todavía se está explorando hasta qué punto puede tener sentido o no, pero en el que como de costumbre hay demasiada gente precipitándose vendiéndolo como “the next big thing” y pontificando como expertos sin una base suficiente. Terreno abonado para consultores, gurús y directivos con ganas de ponerse medallas en eventos y publicaciones del sector.

No digo que no pueda haber aplicaciones interesantes, pero algo me dice que en la mayoría de las organizaciones no ha sido nunca un problema de tecnología.

Contenido relacionado:

Continue Reading

Complicado vs. complejo

“No sé distinguir lo complicado de lo simple”, decían hace años Héroes del Silencio. Bueno, hombre, yo creo que a distinguir “lo complicado de lo simple” ya llego, aunque está claro que lo que es simple para uno a otro puede no parecérselo.

Pero, ¿sabríamos distinguir lo complicado de lo complejo? El otro día, en un artículo, ponían encima de la mesa esta diferenciación para hablar de complejidad, y lo hacían a través de una cita del libro “Team of teams” del General Stanley McChrystal

“Things that are complicated may have many parts, but those parts are joined… Complexity, on the other hand, occurs when the number of interactions between components increases dramatically…The density of interactions means that even a relatively small number of elements can quickly defy prediction”

Un sudoku puede ser complicado, pero no complejo: tiene unas reglas claras, y pese a la dificultad que pueda tener todo es cuestión de “tirar del hilo” hasta dar con la solución adecuada. Un reloj suizo puede ser complicado: muchas partes móviles, muchos engranajes que tienen que encajar con precisión. Pero es cuestión de poner cada cosa en su sitio, y acabas montándolo. Una ecuación matemática. Montar un mueble de Ikea. Etc.

La complejidad, por otro lado, es algo diferente. Los elementos de un sistema complejo interactúan entre sí de forma permanente, y en cada interacción redefinen el escenario. El cuerpo humano es un sistema complejo. Un ecosistema. Una sociedad. Cada acción que pones en marcha genera un número indeterminado (y en gran medida indeterminable) de consecuencias, de reacciones en cadena cuyo alcance y profundidad depende de múltiples factores. Hoy haces algo que arregla algo que querías arreglar, pero a la vez estropea otra cosa más allá. Y si mañana vuelves a hacer lo mismo a lo mejor no funciona igual.

Complicado puede ser un laberinto grande y enrevesado; no es necesariamente fácil, puedes perderte y morir en él. Pero es el que es. Complejo sería que, a cada paso que des, cambiase su configuración. Mucho o poco, pero en cada momento te encontrarías con un escenario diferente, unas reglas diferentes, en el que desaparecen tus puntos de referencia y lo que sabes hasta hoy puede no tener sentido.

Y ahora vas y tomas decisiones.

Contenido relacionado:

Continue Reading

Historias de profesionales independientes: David López Pazos

(Esta entrevista pertenece a la serie de “Historias de profesionales independientes“, puedes ver más en este enlace)

David López Pazos es consultor y desarrollador web especializado en Drupal. Ha hecho honor a sus orígenes gallegos con aquello de que “el gallego no protesta; el gallego emigra”, y desde bien joven hizo las maletas para moverse primero dentro de España y luego fuera de sus fronteras. En lo que no ejerce de gallego es en la proverbial indefinición del que no se sabe si sube o baja; ideas claras y, más importante aún, coherencia con ellas. Hablamos con él de especialización, de globalización, de sacrificio, de reputación, de capacidad de elegir…

davidlopez

Cuéntanos un poco tu trayectoria profesional, ¿cómo has evolucionado? ¿cómo llegaste a ser un “profesional independiente”?

Empecé orientado al hardware y fui evolucionando hacia el desarrollo web. Me fui joven de La Coruña a Madrid y tras varios trabajos temporales entré a trabajar en una editorial durante unos 6 o 7 años. Trabajaba bastante relajado y aburrido y eso hizo que decidiese hacer lo mismo (desarrollo web) por mi cuenta, como autónomo. Realmente no pensé demasiado lo que hice así que fue un paso sencillo: “Hago siempre lo mismo para la misma empresa así que voy a trabajar para mi”. No hice estudio de mercado, no sabía si había mucha o poca competencia, no eché un mal cálculo de cuanto podría o debería ganar al mes, etc. Probablemente sea el ejemplo perfecto de todo lo que no se debe hacer. Tras vivir en Madrid y Barcelona, decidí probar el mercado europeo: Londres, un año, y este año Suiza. Y de momento, aquí estamos.

La visión internacional/global, salir a UK o a Suiza… ¿fue una necesidad o un ejercicio voluntario? Una vez vivida la experiencia, ¿cuál es tu visión sobre “el mundo globalizado del trabajo”, y cómo puede un profesional independiente afrontarlo?

Fue mitad necesidad, mitad voluntario. El tema es que en España hay una cantidad de trabajo y mercado limitados así como unos presupuestos también bastante bajos. Si quieres ganar más (hablamos de 2X, 3X) te tienes que mover a donde no hay esa limitación: Europa. Por otra parte, si te mueves a sitios en los cuales no trabajan con el euro en la actual situación económica es probable que sea incluso más beneficioso.

El mundo globalizado, como lo llamas, es muy interesante. En UK trabajaba en un equipo formado por un estadounidense, una italiana, un francés y yo, un español. Lo que notas es que es gente que ha salido de su tierra, voluntariamente, y eso ya marca bastante la manera de concebir el trabajo: ninguno teníamos preocupación por seguridad o estabilidad con lo que puedes arriesgar más innovando. Como experiencia, perfecta. La repetiría todas las veces que tuviese que pasar por lo mismo. Es más difícil planteárselo que hacerlo, realmente.

El mundo globalizado… me hace gracia la expresión, porque suena como algo ajeno a uno. El mundo de ahí fuera. Europa. EEUU. En la época en la que viajar no cuesta nada, no hay “ahí fuera”. Uno de los problemas hoy en día es que los jóvenes (de 25 a 45) no son del todo conscientes cómo está cambiando todo. India es una potencia en informática “barata”, por ejemplo. Tienes que ofrecer una calidad extrema para competir con ellos, porque no lo podrás hacer en precio. En eso consiste el mundo globalizado: competencia donde antes no la había. Y como decía el otro día en un tweet… al mercado le da igual que te adaptes o no, el mercado no para nunca, la gente no deja de querer progresar. Todo eso ocurre cada vez más rápido y cada vez más barato.

Me hace gracia la expresión “mundo globalizado”, porque suena como algo ajeno a uno, el mundo de “ahí fuera”. En la época en la que viajar apenas cuesta nada, no existe “ahí afuera”.

¿Qué es lo que más valoras de ser un “profesional independiente”?

Fundamental: la variedad. Soy bueno en lo que hago y me aburro fácilmente así que me impongo una limitación de 2 años en cada proyecto. Eso me permite ampliar conocimientos de mi especialidad aplicándolos a diferentes campos (ONGs, banca, startups, etc). Segundo: libertad. Cuando eres especialista en un campo tienes más control sobre los proyectos: puedes poner condiciones, aceptar sólo proyectos que planteen un reto, cambiar de ciudad y/o recorrer diferentes países y, sobre todo, conocer diferentes culturas de trabajo. Esto último es especialmente satisfactorio ya que las formas de trabajar a lo largo de Europa, aunque compartan rasgos comunes, tienen matices que ayudan a tener una mente más abierta a la hora de encarar proyectos.

Cuanto más especialista eres, más control puedes ejercer sobre los proyectos en los que te involucras

¿Cuáles son las mayores dificultades a las que te encuentras?

Hay muchísimas dificultades pero la que para mí la principal es el papeleo. Esto varía mucho si trabajas sólo para un país o si provees servicios a varios países, pero el papeleo siempre es común a todo: Control de facturación, control de gastos, plazos de presentación de impuestos, etc. Lo que aprendí tarde y a golpes: Contrata siempre un asesor y un contable. Aunque lleves tú también la contabilidad te quitarán muchos quebraderos de cabeza. Es el dinero mejor invertido.

Otro inconveniente que he sufrido teniendo clientes en España, UK, Suiza y EEUU es que el mundo no está preparado para el profesional “global”. Si no eres una gran empresa es muy difícil encontrar proveedores de servicios globales: no hay proveedores de telefonía mundiales (que ofrezcan el mismo servicio en diferentes países), contables, alquileres de apartamentos, etc. Todo está todavía muy pensado para gente que va a establecerse a un sitio, no a transitar durante unos meses. Esto va cambiando pero muy lentamente.

El mundo no está preparado para el profesional “global”

Y más relacionado con el trabajo en sí mismo: ponerte precio. Es bastante difícil ponerle precio a lo que uno hace, ya que no sabes si aciertas o te quedas corto. Tienes que ser consciente de lo que ofreces y de lo que ofrece la competencia. A veces creerás que te pasas y otras que te quedas corto. No hay consejo aquí. Yo siempre he creído que soy caro y sin embargo prácticamente nunca me han discutido un presupuesto, así que…

¿Qué habilidades crees que son fundamentales en esta situación?

Honestidad con el cliente, siempre, por encima de todo. Saber lo que puedes hacer y lo que no, a donde puedes llegar y donde te quedas corto y no abarcar más de lo que puedes producir. Una reputación es lo más difícil de conseguir y lo más fácil de perder y más en un mundo conectado 24h y dónde todos nos acabamos conociendo por un cruce u otro. A veces es mejor dejar pasar una oportunidad “irrechazable” que aceptarla y que el cliente no quede satisfecho. Los profesionales independientes tendemos al ego y a veces perdemos el foco de lo importante: el cliente siempre tiene que estar satisfecho, porque es el que repetirá o te traerá más clientes. El cliente lo es todo.

Una reputación es lo más difícil de conseguir y lo más fácil de perder y más en un mundo conectado 24h y dónde todos nos acabamos conociendo por un cruce u otro

También son importantes las habilidades de comunicación. Es un handicap para mí, carezco completamente de ellas. No sé expresarme y eso es un fallo imperdonable. Normalmente espero que mi trabajo hable por mí, pero no es buena política. Un curso de habilidades de comunicación está en mi “debe”.

Adaptabilidad. La carga de trabajo no es siempre la misma, lo que cobramos a final de mes varía muchísimo, los clientes son muy diferentes unos de otros. Si no eres capaz de adaptarte a entornos completamente diferentes mejor no meterse a ello.

Si no eres capaz de adaptarte a entornos completamente diferentes mejor no meterse a ello

Esa adaptabilidad, incluida la capacidad de “hacer las maletas”… ¿cómo la gestionas a nivel personal? ¿no supone un desgaste?

Sí, sin paliativos, un desgaste brutal. No es una vida para gente con familia o que necesite pasar tiempo con los suyos.

Yo he logrado reducir “mi vida” a lo que cabe en mi coche, literalmente. Si algo no cabe, no lo llevo. Pero hay que tener en cuenta que ahora mismo sólo somos mi mujer y yo, sin hijos. Eso ha facilitado la movilidad… a un coste: la carrera profesional de ella se resiente. Cuando viajas a diferentes países, o dejas a tu mujer atrás y vas de visita o va contigo sin poder “anclarse” a un sitio.

Los amigos y la familia también se resienten. Mis amistades (4 amigos tengo) están en La Coruña. Los veo de año en año y aunque hable con ellos por Twitter, Skype, etc, se echa de menos el tomar un café y compartir vida. Es más frío. En las mismas, nunca haces círculo de amistades permanentes porque estás muy de paso.

Es un estilo de vida que puedes llevar de los 30 a los 40, cuando no tienes hijos. Tengo asumido que cuando llegue el primer mocoso, habrá que establecerse en un sitio y desplazarse semanalmente a donde estén los clientes.

¿Qué herramientas utilizas para facilitarte el trabajo?

Soy un desastre con las herramientas. Casi ninguna se adapta completamente a lo que quiero, así que tiro del “pack estándar”: un MacBook Pro, siempre conmigo, a cualquier lado. Gmail para correo y calendario. Para el resto de temas relacionados con mi trabajo un servidor privado virtual; me permite montar mi propio sistema de backup sin depender de dropbox, google drive o similar y es el servidor que utilizo para enseñarle los trabajos a los clientes.

Protip #1: A tu ordenador de trabajo hazle un buen seguro que incluya equipo de sustitución. Será el segundo dinero mejor invertido.

Protip #2: Tener backups automatizados de tu trabajo siempre te sacará las castañas del fuego en caso de incendio. Y créeme, los incendios ocurren.

Hablando de clientes: LinkedIn, una herramienta infravalorada. Es cierto que un gran porcentaje de perfiles están aumentados, pero para los profesionales especialistas sigue siendo al sitio al que los recruiters acuden antes de poner ofertas de trabajo en otros portales. Su principal ventaja: es inmediato, ahorra tiempo.

Has hablado de Linkedin, y algún día en twitter has mencionado que es una fuente importante de contactos profesionales. ¿Cómo gestionas tu presencia en Linkedin? ¿Qué consejos podrías dar para sacarle el mayor provecho posible?

No lo gestiono para nada. La gente no lee lo que compartes, le da igual tu opinión en tal o cual tema. Lo que el cliente busca es cubrir una necesidad puntual que tiene: ofrécele eso. Tengo compañeros que ponen cientos de cosas sobre lo que hacen y títulos muy “sonoros”. Mira, no, olvídalo, vives en la época del tweet, 140 caracteres, consumo rápido.

Lo que el cliente busca es cubrir una necesidad puntual que tiene: ofrécele eso

Tips:

  • No obligues al posible cliente a descifrar lo que haces: “Senior Drupal Developer”. En tres palabras está lo que hago y la experiencia que tengo haciéndolo.
  • Compartir opiniones puede traerte clientes o puede alejártelos. LinkedIn es para buscar clientes, no te metas en profundidades: Haces esto, éstos son clientes anteriores, éstas son las posibilidades de contacto contigo. Todo bien claro y accesible.
  • Si eres especialista en algo te contactarán muchos recruiters cada día. Semanalmente, tengo unas 5 o 6 ofertas genéricas y 1 o 2 más en firme de las cuales unas interesan, otras son para “tirar la caña”. Responde siempre a todas. Siempre. La gente se fija en quien responde aunque sea para decir que no estás interesado.
  • Relacionado con el primer punto: Quien mucho abarca, poco aprieta. Manido pero real. Si eres especialista, lo eres, no pierdas el tiempo diciendo que sabes usar tecnologías a nivel usuario. Sé profesional. Los CV “genéricos” o de relleno huelen de lejos.
  • Si vas a meterte al mercado internacional, además del perfil en inglés, mejora y asegúrate de contestar correctamente en inglés. Cuando buscan un especialista el idioma es secundario, pero importa.

¿Qué reacciones sueles encontrar a tu alrededor (entorno familiar, amigos, conocidos, etc.) cuando conocen tu forma de trabajar?

La reacción es muy diferente con familia y con amistades. La familia (padres) es más tradicional, sólo emigraron en la postguerra y para volver a Galicia tan pronto pudiesen. Para ellos no tener un trabajo seguro es raro. Ven el mundo con la mentalidad del que ya está jubilado y no comprende del todo como ha cambiado éste. Ellos no ven la globalización y la competencia al nivel que lo ven mis amigos, por ejemplo, con una edad más similar a la mía. Y dentro de mis amistades, los hay que prefieren la tranquilidad de un puesto estable a la inestabilidad de tener que buscar clientes y proyectos constantemente.

Un factor fundamental que a veces se da por supuesto y se obvia: tu pareja. Es importante que comparta tu estilo de vida porque si vais por caminos diferentes (estabilidad vital en un caso, inestabilidad vital en el otro) la pareja es lo primero que se resiente.

¿Qué reacciones sueles encontrar en el ámbito profesional (posibles clientes, etc.) cuando conocen tu forma de trabajar?

Normalmente, extrañeza. Cuando un posible cliente me contacta y me cuenta el proyecto que quiere hacer mi respuesta siempre es honesta: si no veo potencial en el proyecto, lo digo. Si creo que es un buen proyecto, lo digo. Si creo que se podría realizar de otra manera, lo digo. Como decía antes: la honestidad tiene que ser total, siempre, aunque eso signifique que no terminaré realizando el proyecto. Tengo la suerte de no necesitar buscar clientes y eso me da la libertad de ser totalmente franco con ellos. No tengo que hacer una labor de “venderme” diciendo lo que el cliente quiere escuchar y, al no ser lo habitual, eso es un signo de diferenciación. Además, trabajo sólo con un cliente a la vez para poder ofrecer un servicio dedicado al 100% y eso se aprecia. Y se paga.

Dibujas un panorama en el “no tienes que buscar clientes”. ¿Cómo has llegado a ese punto en el que tienes tú “la sartén por el mango”?

Especialización. En parte por suerte y en parte por fijarme. Soy experto en una tecnología demandada y en la que no hay demasiada competencia. Baja oferta, alta demanda: la base para el éxito. Gracias a esto he ido trabajando con clientes de más nivel cada vez y al final unos llaman a otros. Si ven que trabajas con un gran banco, piden referencias, si son buenas, ganas otro cliente, etc. Realmente lo complicado (y largo, casi 8 años he tardado) es forjar una reputación pero cuando lo consigues es más fácil acceder a otro tipo de mercados.

Realmente lo complicado y largo es forjar una reputación pero cuando lo consigues es más fácil acceder a otro tipo de mercados

Vinculado con lo anterior, al menos desde fuera la sensación es que en el sector del “desarrollo web” hay mucha competencia, ¿cómo hace uno para diferenciarse?

De nuevo: especialización y conocer tu competencia. En España es muy raro que los desarrolladores quieran salir al exterior así que aprovechas eso. En UK interesan desarrolladores españoles porque (en teoría) cobran menos. Ahí tienes hueco. Por otra parte, en UK el mercado lo copan las agencias de comunicación y no le gustan a casi nadie. Aprovechas y te presentas como desarrollador freelance que cobra menos (en teoría) que ellas.

Básicamente se trata de buscar los pequeños huecos de mercado que aparentemente no son demasiado interesantes pero que si lo haces correctamente y respondiendo al 110% de las expectativas, dará resultado a medio/largo plazo.

Y trabajar, mucho. Salvo este año que he empezado a dedicar los fines de semana al asueto, no sé lo que son vacaciones, no sé lo que son horarios, no distingo vida laboral de familiar, no hay horas suficientes en el día. Habrá quien no comparta esta visión del trabajo, pero ahí está la diferenciación y lo que ahora me permite vive más relajado ganando más. Si no echas todas las horas posibles entre los 20 y los 40, no pretendas vivir bien a los 50.

Si no echas todas las horas posibles entre los 20 y los 40, no pretendas vivir bien a los 50

Siendo un especialista, imagino que tendrás que afrontar un equilibrio entre “ser productivo” (en los trabajos para los clientes) y “mantenerte al día”. ¿Cómo afrontas ese equilibrio?

No hay ese equilibrio, al menos ahora mismo. Si quieres ser “top” en tu campo tienes que sacrificar ciertas cosas. Yo he sacrificado ser experto en otras tecnologías a cambio de serlo en “la mía”. Gracias a eso ahora dispongo de tiempo y posibles para orientar mi carrera en otras direcciones. Como yo lo veo, y no es aplicable a todo el mundo, al final se trata de elegir y ceñirte a algo. ¿Me veo haciendo lo mismo dentro de 10 años? No, pero si todo va correctamente podré orientar mi carrera en otra dirección aún teniendo que invertir un par de años en ello.

¿Cómo crees que evolucionará el mundo del trabajo? ¿Qué rol crees que jugarán los profesionales independientes en él?

Imposible saberlo. Siempre que ha habido una revolución (y estamos en una) han desaparecido trabajos pero han aparecido otros. Los profesionales independientes y, particularmente, los que estén especializados en un campo muy demandado se llevarán el gato al agua en el tema económico. Siempre habrá trabajos que, no realizándolos una máquina, no serán lo suficientemente demandados y serán “de batalla”. Sin embargo la especialización se paga en nichos de mercado. Quizá parezca que le doy demasiada importancia al dinero pero, al final, que el dinero no sea una preocupación (por estar bien pagado) te permite una mayor libertad a la hora de realizar tu trabajo. Y tu trabajo es que el cliente esté satisfecho.

Contenido relacionado:

Continue Reading

¿Y qué más da lo que estudies?

Esta mañana me metí en un intercambio de opiniones acerca de “la decisión sobre qué estudiar”. Decía Daoiz Velarde en twitter que los chavales, en el momento de tomar esa decisión, no saben por dónde les da el viento. Y que “hoy más que nunca es crítico que estudien algo útil; útil para el mundo al que nos dirigimos, que será bastante distinto del actual en 20 años, y otro planeta profesionalmente que hace 20”.

Algo útil. Ya. ¿Y qué es “útil”, y más en ese entorno volátil en el que nos encontramos? Dicen que los trabajos del futuro probablemente aún ni estén inventados, dicen que cada persona tendrá varias carreras profesionales a lo largo de su vida… ¿cómo defino hoy qué tengo que estudiar para tener un trabajo que ni siquiera sé en qué va a consistir? Antes, cuando estudiaba poca gente y el mundo del trabajo era razonablemente estable, uno podía establecer un “plan de carrera”: si estudio esto, cuando salga podré colocarme “de lo mío”, en quince años alcanzar no sé qué nivel, ganarme la vida y jubilarme sin contratiempos. Al menos entonces podía tener sentido tomar una decisión “racional”, basada en un “retorno de la inversión” más o menos acotado, pero… ¿quién es capaz de hacer un razonamiento así a día de hoy?

“Al menos descartemos caminos que ya de partida sabemos que no tienen futuro”, decía otro. ¿Ah, sí? ¿Somos capaces de saber que algo no tiene “futuro” porque sí? Estamos diciendo que vamos a un mundo en el que no sabemos cómo se van a configurar los trabajos, ¿y creemos que podemos descartar A o B?

En el fondo, lo que subyace en este tipo de razonamientos es una suerte de determinismo. Si estudias tal cosa, estás acotando tus opciones de futuro para toda tu vida. Y no hay vuelta atrás. Así que elige bien, porque si eliges mal estás condenado. Y si eliges bien enhorabuena, tienes el futuro asegurado. Y todo esto es algo con lo que estoy en profundo desacuerdo.

Creo que el futuro profesional no se articula en base a “qué has estudiado”, si no más bien a “cómo has estudiado”. El desarrollo de habilidades profesionales y personales por encima de los conocimientos adquiridos. Porque los conocimientos evolucionan y caducan cada vez con mayor velocidad, y es bastante absurdo pensar que “lo que aprenda en la Universidad es lo importante”. No, cualquiera sabe que el aprendizaje de verdad se produce una vez que sales de la Universidad y te enfrentas al mundo real. Es ahí donde aprendes lo que realmente necesitas aplicar, acudiendo a múltiples fuentes de conocimiento, y así seguirá siendo durante el resto de tu vida. Nadie te asegura (y todavía hay tanta gente que vive en la inopia… ) que por el hecho de estudiar vayas a tener “premio seguro” (luego vienen los lloros tipo “yo hice una carrera, y dos masters, y… estoy limpiando váteres“). No sé si alguna vez fue así, desde luego ahora no. En ese sentido escribía hace tiempo que “la universidad no sirve para nada“, y lo sigo pensando. De hecho, lo pienso también de la educación formal para más pequeños.

Lo que es fundamental, por encima de qué estudies (o de si estudias) es desarrollar habilidades personales y profesionales. De análisis, de síntesis, de comunicación, de organización, de relación, de trabajo en equipo, de autogestión, de esfuerzo, de resiliencia, de liderazgo, de visión global, de negociación… Aprende idiomas, construye tu red de contactos, ten experiencias diversas, ve mundo. Todo esto son habilidades transversales, que te van a servir a lo largo de toda tu vida, una colección de recursos de la que podrás tirar sea como sea el futuro. Habilidades que, en realidad, se pueden desarrollar estudies lo que estudies. Incluso si no estudias. Ése debería ser el foco, y no “los conocimientos” o “las salidas”. Porque los conocimientos los vas a tener que ir renovando permanentemente (dependiendo de cómo evoluciones tú, de cómo evolucione el mundo), y “las salidas” distan mucho de estar claras.

Llegados a este punto, ¿qué estudiar? Pues mira, antes que eso… ¿quieres estudiar? Porque no es lo relevante; lo que importa es que seas consciente de la importancia de tener habilidades y pongas el foco en desarrollarlas. Estudiar es un camino, pero no es necesario ni suficiente, y a veces tal y como está montado el sistema educativo es contraproducente. Y si te decides a estudiar… estudia lo que te apetezca, y cómo te apetezca. Lo que te haga sentir bien. Porque siempre será más fácil desarrollar tus competencias en un entorno apetecible que si estás haciendo algo que no te gusta “porque es lo que tiene salidas”; la probabilidad de que no te desarrolles una mierda, estés amargado y encima te encuentres con que al acabar las presuntas “salidas” que dabas por seguras estén tapiadas es elevada.

PD.- Juan Luis Hortelano escribía una interesante “carta a su hija”, de 17 años, a raíz de la conversación de esta mañana. Me atrevería a decir que no hay que esperar a ese momento para trasmitir estas ideas; es una forma de ver el mundo que, cuanto antes, mejor.

Contenido relacionado:

Continue Reading

Historias que contar en Snapchat

Han pasado unos días en los que he seguido explorando el maravilloso mundo de Snapchat, haciéndome un poco más a la idea de cómo funciona y para qué puede tener sentido.

Hace unos días Jeroen Sangers hacía una reflexión muy pertinente: “Veo gente explorando Snapchat, pero lo que veo es que, como yo, todavía no tenemos muy claro para qué usarlo… ¿y tú para qué usas Snapchat? ¿cuál es tu objetivo?” (hay que ver estos señores de la efectividad, siempre metiendo el dedo en la llaga :D).

Le respondí con una serie de snaps, que podéis ver a continuación. No os riáis, que hacer el ganso es parte de la diversión (no es un medio para vergonzosos)

Yo me reafirmo en lo que decía en una primera sensación: lo que más me atrae es la funcionalidad de “my story”, la posibilidad de utilizar las posibilidades del “lenguaje snapchat” para contar historias. En problema es… ¿qué historias?

Hice un pequeño gráfico que, a mi entender, refleja el “sweet spot” de las historias que tiene sentido contar en Snapchat:

snapchat

  • Tiene que tener sentido para ti, servirte para algo. No creo en una visión 100% utilitarista del mundo, pero al final si dedicamos tiempo y esfuerzo a algo (y más si tiene que ser algo sostenido en el tiempo) más nos vale que nos refuerce de alguna manera. Como decía Covey, “empezar con un fin en mente”.
  • Tiene que resultar interesante, entretenido, útil… para quienes lo vean. Que pueden ser muchos o pocos. Pero si la gente ve tus snaps y piensa “pfff…” difícilmente van a interesarse por seguir viéndolos. Y para predicar en el desierto pues mejor nos quedamos callados, ¿no?
  • Tiene que adaptarse al “lenguaje Snapchat”. Cada medio tiene sus pros y sus contras, y Snapchat también. La vinculación con “el entorno inmediato”, la imagen, lo “informal”, la caducidad… son características que se pueden aprovechar, pero que también restringen.

A mí particularmente me está costando encontrar el punto. He ido alimentando “my story” estos días, y creo que “el lenguaje Snapchat” lo voy pillando. El problema es que no acabo de saber qué contar: he puesto cómo hacía una tortilla de patata, cómo me iba a cortar el pelo o cómo estaba un rato en el gimnasio. Dudo mucho que eso interese a nadie (aunque oye, cada uno con sus filias :D), y me cuesta ver de qué manera eso me va a aportar nada a mí.

La cuestión es que, viendo lo que publican otras personas a las que sigo, tampoco acabo de ver ejemplos que me inspiren. Uno lleva a cortar jamón, otro se va a hacer unas plantillas para los pies, otro pasea al perro… Todo muy costumbrista, muy cotidiano. También están los que encadenan snaps para hacer un monólogo a cámara fija… ¿no tenías youtube para eso?. Quizás Snapchat me recuerde a aquel twitter original, que con su pregunta “qué estás haciendo” invitaba a ser muy descriptivo. Luego el medio evolucionó. ¿Puede que con Snapchat pase igual? Quizás, pero una de sus características principales es la vinculación con lo que tienes alrededor, lo que puedes captar con el móvil… lo cual te lleva casi de forma inevitable a ceñirte al “mira lo que estoy haciendo justo ahora” que, la verdad, da para lo que da.

Quizás, si tienes una vida muy interesante y muy movida, dé para “retransmitirla”. Mira, hoy he viajado aquí. Mira, hoy he comido allí. Mira, hoy he hecho no sé qué actividad. Pero si tu vida es más o menos normal (de la de levantarte, trabajar, pasar el rato en tu casa con tu familia, ver una serie) pues te quedas pronto sin “aventuras” que retransmitir. La variedad en mi vida está en el ámbito intelectual (lo que leo, lo que escribo, los trabajos que hago), no tanto en el ámbito físico. Y quizás por eso me sigue costando ver cómo hacerle hueco.

Pero bueno, seguimos explorando. Ah, por cierto, mi “snapcode” por si os apetece uniros. Por nombre de usuario, allí soy raulherngonz

snapcode

 

Contenido relacionado:

Continue Reading